miércoles, 27 de julio de 2011

Art Pepper Una vida ejemplar (quinta parte)

En las jaulas había música. Por las mañanas te despertabas escuchando música y por las noches tambíén la escuchabas. En las galerías ni había radios ni había nada. Me pasé cinco o seis meses sin escuchar una sola nota musical. Ya te puedes imaginar, si eres músico, o aunque seas una persona normal.....Para la mayoría de las personas, la música es una parte importante de sus vidas, y que te priven de ella por completo es terrible. Así que, para no volverme loco del todo, empecé a tocar con el tazón. A todos nos daban un tazón, de hojalata, con una pequeña asa. Me lo llevaba a la boca y dejaba un pequeño hueco por el lado, como haces ara tocar la armónica o el arpa judía. Y descubrí que podía tararear con la ayuda del tazón y sacarle un sonido algo parecido al de una trompeta. Podía hacer muchas cosas con aquel tazón. Y en la cárcel, donde había cemento y acero por todas partes, aquel ligero sonido se escuchaba muy bien, sobre todo desde la esquina de la celda. Yo tocaba para mí, y todos los fulanos escuchaban. Cuando de pronto levantaba la mirada veía a un montón de tíos plantados delante de mi celda, escuchándolo todo. Y también descubrí que para ellos era un gustazo, por las noches sobre todo. En la galería había un tipo llamado Grundig, que antes había sido batería. Grundig echaba mano a la tapa del cubo de la basura, se ponía a tocarla con una cuchara, yo tocaba mi tazón, los mendas empezaban a dar palmadas, y de pronto habíamos montado una especie de jam session. Había que estar allí dentro para entender lo mucho que te alegraba el día una cosa tan primitiva como aquella.

8 comentarios:

Anderea dijo...

Es curioso, Gato. Ayer me preguntaba qué tenía de ejemplar una vida de drogadicción abierta, de prisión...

Hoy leo este fragmento que has elegido y me emociona.

¿Ejemplar?

Que sea una buena noche, con dulces sueños.

Gracias por compartir estos textos, Gato. De otro modo, creo que nunca los hubiera conocido. Y me impresionan.

Gatopardo dijo...

Lo de ejemplar, no es para tomarlo al pie de la letra, pero le podía haber pasado a cualquiera en sus circunstancias, a mí por ejemplo.

Juan Nadie dijo...

Ejemplar quiere decir que sirve como ejemplo o descripción de algo, no que sea necesariamente una pauta que convenga seguir. Amos, digo yo.

Anderea dijo...

Sí, ejemplar, esa palabra, tiene muchos significados. Sólo me preguntaba qué tendría de ejemplar, en qué sentido sería ejemplar.

Parece que la vida de muchos de los instrumentistas y de los cantantes a quienes dedicáis entradas han tenido vidas ligadas a las adicciones. En esste sentido, Art tuvo una vida ejemplar, debe de ser un buen ejemplo de lo que ocurre en ese mundo.

¿Pero es además ejmplar, es un buen ejemplo de lo que ha de ser un músico, un artista, una persona? ¿En qué sentido? ¿Era especialmente sincero consigo mismo y con los demás? ¿Era capaz de hacer música aún en las peores condiciones, inventando su instrumento, admitiendo a cualquier persona que disfrutara de su música como público o como compañero de interpretación?

No sé, no conozco a este músico ni he leído el libro. ¿Qué opinas tú, Gato?

Debe ser difícil vivir el mundo del jazz y no sumergirse en la adicción al tabaco, el alcohol y otras drogas. ¿O esto ha cambiado?

¿Ha habido buenos saxofonistas, trompetistas... no adictos? ¿Se puede hacer buen jazz sin esas adicciones?

No conozco el mundo de la droga no oficial, las personas que he conocido adictos no parecían vivir bien: descuidaban sus familias o incluso las "vendían"...

No sé.

Gatopardo dijo...

Hay que tener en cuenta que las mentes artísticas creativas, -escritores, músicos, pintores, poetas e incluso científicos- históricamente han empleado cualquier método con el que creían poder avanzar. En el mundo del jazz en concreto, y considerando que la Policía estadounidense y los medios de comunicación sólo se empezaron a preocupar de las drogas cuando comenzaron a engancharse los blancos, los músicos negros desconociendo las consecuencias, y ayudados por el ambiente, horarios, etc. cayeron presa de los narcóticos, exactamente igual que la generación de los ochenta en España.
Hubo unos años, que salvo raras excepciones, la inmensa mayoría de los músicos de jazz experimentó con las drogas, con resultados catastróficos en la mayor parte de ellos, truncando carreras y vidas a temprana edad.

Esther dijo...

A Art Pepper no le hice fotos, me hubiera encantado por supuesto, pero a George Cables, sí. Las buscaré y te lo demostraré.

Besos salerosos.

Esther dijo...

Art Pepper meets The Rhythm Section es uno de mis discos favoritos del mundo mundial, con esta portada me hice la camiseta. Incluso llegué a hacerle fotos a Perico Sambeat en este estilo de portada, creo que está en mi blog aunque no me acuerdo del todo. Si la veo te lo diré.

Gatopardo dijo...

Esther como verás, son fragmentos de su autobiografía y es una pena no haber podido incluir fotos tuyas en estas entradas, pero haré una de George Cables con tus fotos.