miércoles, 7 de mayo de 2014

La Calle

Calle Cincuenta y dos

La Calle era un conjunto de edificios de cuatro pisos de altura y construidos con ladrillos marrones duraderos, en un tipo de construcción favorecido por los arquitectos de principios de siglo.Los edificios de ladrillo marrón permanecían hombro con hombro, una pared junto a la siguiente, encarados unos con otros a lo largo de la calle Cincuenta y dos en la manzana que iba de la Quinta a la Sexta Avenida. Cada una había albergado una sola familia influyente en la ciudad. Ahora, cuando las cañerías se corroían y el sistema eléctrico daba preocupaciones a más de un departamento de bomberos, servían de estudios para roto listas de carteles, agencias de exportación y de importación, oficinas de detectives privados y profesores de piano y saxofón, laboratorios de los fotógrafos que poblaban Broadway y sus clubes nocturnos como Speed Graphics y bolsillos abultados llenos de bombillas de flash.
Durante el día, la Calle aparecía más deslustrada que la mayoría, como una manzana triste que estaba entre la elegante Quinta Avenida y el brillo de Broadway, dos manzanas al oeste. Los clubes que surgieron allí durante los años de la guerra ocuparon sótanos desocupados o la tras bajas abandonadas de los edificios de ladrillos. Estaban todos agrupados al lado oeste de la manzana, siete en total: Jimmy Ryan's, el Onyx, el Famous Door, Samoa, Downbeat, Spotlight, y el Three Deuces. Ante cada club aparecía la inevitable insignia a de los cabarés de la época, una marquesina, con su lona verde blanqueada por el sol y la lluvias sujeta por dos postes de hierro, que se extendía desde el ladrillo de la entrada hasta la calzada. Algunos clubes no eran otra cosa qué sótanos húmedos reformados  de treinta pies de ancho y no muchos más de largo, con el techo bajo, pequeños guardarropas y bares en miniatura, amueblados con una colección de mesas y sillas provenientes de cualquier subasta pública. El Famous Door fue descrito por el director de orquesta Woody Herman como "un chiringuito de un sótano pequeño y superpoblado".    Los precios eran altos para los días que corrían, setenta y cinco centavos por una botella de cerveza o una copa de insípido y diluido whisky...

...Mediante la misma transformación que había convertido el barrio sombrío de Kansas City en un brillante feria, la Calle, de ser un lugar oscuro. Se convirtió en un lugar de gran atractivo y en un mundo de promesas. Las luces de neón iluminaban las fachadas de ladrillo. En el toldo de las marquesinas, se agitaban pancartas con los nombres de los artistas que actuaban en el interior, y si uno estaba interesado en el maravilloso mundo del jazz, podía encontrar allí a sus principales estrellas en una gran concentración.
Al llegar en taxi a la Calle, en una cálida noche del Día del Trabajo en septiembre de 1944, Charlie pudo ver de una sola pasada los nombres que figuraban en las pancartas. Era cómo tener delante una exhibición del
Ml añorada, con sus figuras más importantes, el curso entero de la historia del jazz desde sus comienzos a principios de siglo en Nueva Orleans hasta el momento actual. En el Jimmy Ryan's, el club más cercano a la Quinta Avenida, estaba el legendario Sidney Bechet, el último de los grandes maestros clarinetistas Creole, esos padres fundadores del estilo de caña en el jazz, encabezando una orquesta de cinco músicos de Nueva Orleans que incluía a Zutty Singleton, JN batería que había tocado con el mítico Buddy Bolden, y una sección rítmica de auténticos intérpretes de jazz de Nueva Orleans, o "musicianers", como Bechet les llamaba en su bronco "patois". El viejo, con su cara aplastada, surgido aparentemente de un profundo bosque y tallado en una madera muy dura, tocaba el clarinete y el saxo soprano, soplando con u vibrato de gaita que llegaba hasta la era y se podía escuchar más allá de la fila de los ronroneantes taxis.
En el Onyx se invitaba al público a escuchar al gran maestro del saxo tenor de jazz, al mismísimo Coleman Hawkins, ahora de cuarenta años, envejecido como envejecían los intérpretes de jazz, veterano de famosas orquestas desde 1922 hasta el presente, aún en firme posesión de sus poderes de improvisación y con aquel tono que hacía temblar la tierra que le era característico. Como Ta-tá Hines, Hawkins estaba buscando nuevos caminos musicales, a pesar de su gran circunspección. El quintetp de Coleman Hawkins incluía dos jóvenes músicos de primera fila, Howard McGhee y Msx Roach, otro protegido de Klook Clarke, a la batería. La inyección de sangre nueva le había dado Coleman Hawkins un nuevo ánimo. Tocaba con tersura y muy bien.
Al otro lado, en el Famous Door, estaba nada menos Art Tatum, ya no en solitario, sino con un trío que incluía al guitarrista Tiny Grimes y al batería Slam Stewart. Mildred Bailey, acompañada por su esposo, el vibrafonista Red Norvo, y un agrabable grupo de músicos blancos, eran la atracción Downbeat Club. Fats Waller estaba en el Spotlight con un quinteto. Anunciado como "Fífty Thousand Killer-Watts of Jive" (el asesino de los cincuenta mil-Watts de jazz), Leo Watson y sus Spirits of Rhythm eran la atracción del Samoa, deshojando el sólido contenido musical de los combos instrumentales con piezas tan originales como Sweet Marihuana Brown (con la melodía de Sweet Georgia Brown) y She Ain't No Saint, una balada sobre una chica de barra de la vecindad.
  Sin adornos de carteles, en medio de esta frenética actividad, estaba el White Rose Bar, donde los músicos y sus compinches se encontraban en los intervalos. En el White Rose uno se rozaba literalmente con cualquiera de los distinguidos músicos de jazz y de las damas que aparecían en los clubes de la Calle, o de los miembros de sus orquestas. Los precios del White Rose estaban a la altura de los trabajadores, diez centavos por cerveza y veinticinco por un trago de whisky. El White Rose era el centro del chismorreo. Allí se podía encontrar mánagers personales, agentes, promotores para casas editoras de música, directores de artistas y repertorio de casa de discos independientes. También a Mayor Pincus (autoapodado), un personajillo de cara roja que parecía un comediante burlesco y que buscaba propinas abriendo la puertas de los taxis.
Fats Waller, Art Tatum, Coleman Hawkins, Sidney Bechet y los otros artistas de máxima atracción en los clubes de la Calle comenzaban sus actuaciones a las nueve de la noche y continuaban hasta pasadas las tres y media de la mañana. Las actuaciones intermedias las realizaban segundas figuras que también eran de mucho interés para los aficionados al jazz. Cuando Sidney Bechet descasaba le sustituían los Chicagoans de Eddie Condon: Bobby Hackett, Bud Freeman, Pee Wee Russell, Dave Bowman y George Wetlling. En el Onyx Club los sonidos de saxo tenor se intercambiaban el intérprete; Don Byas, que había sido últimamente una estrella de la orquesta de Count Basie, dirigía un quinteto propio. El frenético Fats Waller era sustituido por el sexteto de John Kirby, que tocaba una especie de jazz de cámara. En el relevo de Mildred Bailey y Red Norvo en el Downbeat estaba el "Ángel negro del Jazz de Violín", Herzekiah Stuff Smith. En el Famous Door, el trío de Art Tatum dejaba paso al cuarteto de Ben Webster.
El único nombre que faltaba para que fuera una verdadera cabalgata histórica del jazz era Lester Young. Lester había estado durante un tiempo fuera de la circulación, dejando pasar el tiempo bajo arresto en el cuartel de un campamento militar de Georgia, según se afirma, por hervir cocaína dental con vino moscatel.

Ross Russell - Bird la biografía de Charlie Parker

13 comentarios:

Juan Nadie dijo...

Quién hubiese estado allí en aquellos tiempos... Pero nacimos tarde.

Gatopardo dijo...

¿Siendo negro o blanco?

Gatopardo dijo...

Igual no nos hubiese gustado el bebop...

Juan Nadie dijo...

¿Negro o blanco? Da igual, aunque en estos ambientes seguramente mejor negro.

Gatopardo dijo...

Sobre todo, para tener más ritmo.

Juan Nadie dijo...

Como en la tonta canción de Chayanne que se puso de moda, "ritmo nos sobra".

Gatopardo dijo...

No tengo el mal gusto, pero si me la tarareas....

Juan Nadie dijo...

No, olvídalo, no pienso perder el tiempo en eso.

carlos perrotti dijo...

Qué tiempos aquellos, diría también el jazz, veinticinco abriles que no volverán...

Maravilloso texto, maravilloso Bird...

carlos perrotti dijo...

Ahí van 10 más. Todos pendejos, entre ellos el nieto de Astor Piazzolla con su grupo Escalandrum.

391. Pablo Raposo Quinteto

392. Hernán Merlo Cuarteto - Monk, Modelo para Desarmar

393. Hernán Merlo con Ernesto Jodos, Juan Cruz de Urquiza y Enrique Norris

394. Escalandrum - Vértigo

395. Escalandrum - Piazzolla plays Piazzolla

396. Lucio Balduini - Viento Divino

397. Francisco Lo Vuolo, Eloy Michelini, Jerónimo Carmona & Gustavo Musso - Our Song

398. Carlos Lastra - A Child Is Born

399. Carlos Lastra - Despedida

400. Sergio Poli - Canícula Metrópolis

marian dijo...

Disfrutando que es g...

Gatopardo dijo...

Pues a disfrutar también de la impagable información del Sr Perrotti.

carlos perrotti dijo...

Con el desasnamiento al que me han sometido aquí, Gato, estoy en deuda...