domingo, 25 de mayo de 2014

El jazz como forma de vida


Gjon Mili—Time & Life Pictures/Getty Images
Duke Ellington and friends, New York, 1943

...El escritor  norteamericano Nat Hentoff, conocedor del mundo del jazz, ofrece un relato mucho más acertado en. The Jazz Life (Peter Davis), "un intento de explorar algunos de los elementos sociales, económicos y psicológicos que conforman el contexto del jazz moderno". De hecho, Hentoff empieza allá donde se detiene Wain: dada la fuerza que tiene hoy tocar jazz, ¿cómo se puede llevar a la práctica en Estados Unidos actualmente? El estatus del músico de jazz está entre los más bajos en la escala social porque su vida está estrechamente vinculada al mundo de los clubes nocturnos: la policía le exige que disponga de una "tarjeta de cabaret", que le pueden retirar a la mínima y que, así, lo deja a merced de los agentes. No es un mundo en el que los contratos, los pagos o las condiciones laborales tengan demasiada importancia. A menudo, por ejemplo, los mafiosos controlan los clubes y su sindicato "raras veces se pone del lado de los jazzistas". Las grabaciones no reportan sino una pequeña cantidad de dinero por sesión, con independencia de lo bien que se venda el disco. Si el músico es negro, lo tiene aún peor. Se podría pensar que, en el mundo del jazz, la fama de la que gozan sus artistas más reputados, los hombres que permiten enriquecerse a los promotores, serviría para acabar con los problemas raciales, pero nada más lejos de la realidad.
Hentoff no se desentiende de todas las humillaciones que sufre el músico negro  a quién se le puede denegar sin el menor problema el acceso a un club en cuya puerta está escrito su nombre en luces de neón, pero tampoco escarba excesivamente en la base del problema. Antes bien, acá a la luz los aspectos más sutiles del problema racial  como el resentimiento de los músicos negros a propósito de la idea de que el jazz es, para ellos, algo "natural" y que por lo tanto, no se merecen una mayor ovación cuando tocan. Un valioso correctivo contra el romanticismo que envuelve las jam sessions (por cierto, el sindicato las desaprueba). Con todo, el libro de Hentoff contiene también algunas páginas más banales, como un desternillante relato de una sesión de grabación de Armstrong y los elocuentes retratos que hace del carácter de Basie, Coleman, Mingus, Monk, Miles y John Lewis...

Philip Larkin - All What Jazz

7 comentarios:

Juan Nadie dijo...

Duro el mundo del jazz en aquellos tiempos según para quien.
Este Cannonball habrá que escucharlo tranquilamente.

Gatopardo dijo...

No cabe la menor duda de la propia, y de la voluntariamente añadida dureza. Cannonball ha sido un grande.

marian dijo...

Parece increíble. Cuanto más se conoce sobre el jazz, mejor se entiende este mundo.

Gatopardo dijo...

Parece lógico, creo que no se suele entender lo que no se conoce.

marian dijo...

A veces ni lo que se conoce:)

Gatopardo dijo...

Eso tampoco...

carlos perrotti dijo...

Una joya el Cannonball Adderley Sextet, en particular el tema de Charles Lloyd "Song My Lady Sings". De Zawinul ni hablar...