miércoles, 20 de noviembre de 2013

El perseguidor I

Julio Cortázar
¿Por qué el jazz? ¿Qué tenía esa música para interesar tanto a Cortázar? Sería fácil decir que la improvisación se refleja en las estructuras de sus textos (con Rayuela como ejemplo arquetípico). Perono es eso, o no solo eso. Por encima de los parámetros estructurales, a Cortázar le interesaba el ritmo del jazz, el swing. Es esto lo que traslada a su escritura y lo que cuida en sus traducciones: “…aunque la idea, la información esté perfectamente bien traducida, si no está acompañada de ese ‘swing’ […] para mí pierde toda eficacia; se muere”. Además, Cortázar admiraba del jazz la riqueza encerrada en la creación espontánea, la inmediatez con la que un músico-creador (y no un músico-intérprete) es capaz de transmitir sus ideas sin depender de otros. Es cierto: hay en sus palabras algo de ese romanticismo que lleva a valorar al creador por encima del intérprete, lo intelectual por encima de lo manual. Y, al mismo tiempo, hay algo de surrealismo (tal vez la vanguardia más romántica): no en vano el escritor reconocía el paralelismo entre la escritura automática (“la inspiración total”) y la improvisación jazzística, “una creación que no está sometida a un discurso lógico y preestablecido sino que nace de las profundidades”.
El interés de Cortázar por la música de jazz se refleja en muchos de sus textos. En uno de ellos, La vuelta al piano de Thelonious Monk, retrata con pasión (y con swing) el concierto ofrecido en Ginebra por este pianista, uno de los fundadores del bebop, en marzo del 66. El escritor trabajaba esporádicamente en la ciudad suiza, a la que en una ocasión describió como “más hórrida y calvinista que nunca”, y comienza así narrando su experiencia: “En Ginebra de día está la oficina de las Naciones Unidas pero de noche hay que vivir y entonces de golpe un afiche en todas partes con noticias de Thelonious Monk y Charles Rouse, es fácil comprender la carrera al Victoria Hall para fila cinco al centro”. 
Federico Lechner

−No me refería al calor por ebullición ha dicho Johnny. Entonces he sacado el frasco de ron y ha sido como si encendiéramos la luz, porque Johnny ha abierto de par en par la boca, maravillado, y sus dientes se han puesto a brillar, y hasta Dédée ha tenido que sonreírse al verlo tan asombrado y contento. El ron con el nescafé no estaba mal del todo, y los tres nos hemos sentido mucho mejor después del segundo trago y de un cigarrillo. Ya para entonces he advertido que Johnny se retraía poco a poco y que seguía haciendo alusiones al tiempo, un tema que le preocupa desde que lo conozco. He visto pocos hombres tan preocupados por todo lo que se refiere al tiempo. Es una manía, la peor de sus manías, que son tantas. Pero él la despliega y la explica con una gracia que pocos pueden resistir. Me he acordado de un ensayo antes de una grabación, en Cincinnati, y esto era mucho antes de venir a París, en el cuarenta y nueve o el cincuenta. Johnny estaba en gran forma en esos días, y yo había ido al ensayo nada más que para escucharlo a él y también a Miles Davis. Todos tenían ganas de tocar, estaban contentos, andaban bien vestidos (de esto me acuerdo quizá por contraste, por lo mal vestido y lo sucio que anda ahora Johnny), tocaban con gusto, sin ninguna impaciencia, y el técnico de sonido hacia señales de contento detrás de su ventanilla, como un babuino satisfecho. Y justamente en ese momento, cuando Johnny estaba como perdido en su alegría, de golpe dejó de tocar y soltándole un puñetazo a no sé quién dijo: "Esto lo estoy tocando mañana", y los muchachos se quedaron cortados, apenas dos o tres siguieron unos compases, como un tren que tarda en frenar, y Johnny se golpeaba la frente y repetía: "Esto ya lo toqué mañana, es horrible, Miles, esto ya lo toqué mañana", y no lo podían hacer salir de eso, y a partir de entonces todo anduvo mal, Johnny tocaba sin ganas y deseando irse (a drogarse otra vez, dijo el técnico de sonido muerto de rabia), y cuando lo vi salir, tambaleándose y con la cara cenicienta, me pregunté si eso iba a durar todavía mucho tiempo.

Julio Cortázar - El perseguidor


18 comentarios:

Juan Nadie dijo...

Efectivamente, la música de jazz queda reflejada constantemente en la literatura de Cortázar. No sólo como tema, sino en la forma de encarar la propia escritura. Hay páginas en Rayuela, en El perseguidor, en tantos otros libros, que son puro jazz.
Recomendaría a todo el mundo que leyese El perseguidor, uno de los mejores relatos del siglo XX.

Gatopardo dijo...

Como muy acertadamente dices, Cortázar y el jazz son almas gemelas.
En lo del perguidor estoy totalmente de acuerdo.

marian dijo...

Este lo leeré con más calma, que los virus catarrales ya no me dejan disfrutar de la lectura.
No he leído "El perseguidor", pero si lo recomendáis...

Gatopardo dijo...

Encarecidamente.

marian dijo...

Pues ya sabéis si lo tenéis...

Gatopardo dijo...

Dios dispondrá...

marian dijo...

Gracias hermano.

Mila y Mar dijo...

https://dl.dropboxusercontent.com/u/15504928/Cort%C3%A1zar%20Julio%20-%20EL%20PERSEGUIDOR%20Y%20OTROS%20RELATOS.zip
De nada

marian dijo...

Madre mía, Mila, Mar, muchas gracias.

Gatopardo dijo...

Son las prisas.

marian dijo...

Pues no he podido abrirlo, me dice que no admite el archivo .epub (igual piensa que es un bar de copas...)

marian dijo...

Pero te lo agradezco igualmente.

Gatopardo dijo...

Igual José te puede decir algo al respecto...

marian dijo...

ok

marian dijo...

Sería usted tan amable Mr. Gatopardo de colocar de nuevo en su Dropbox "El perseguidor". Muchas gracias.

Gatopardo dijo...

https://dl.dropboxusercontent.com/u/15504928/Cort%C3%A1zar%20Julio%20-%20EL%20PERSEGUIDOR%20Y%20OTROS%20RELATOS.zip
Aquí tiene Ussía...

marian dijo...

La guerra que doy. A este paso pasará a llamarse: "El perseguido".

Gatopardo dijo...

No te preocupes....soy sufrido.