domingo, 3 de agosto de 2014

Charles Mingus I


América era un vendaval que le azotaba constantemente en la cara. Con América se refería a la América Blanca y con la América Blanca se refería a todo lo que no le gustaba de América. El viento le golpeaba más fuerte que a los hombres menudos; América era un brisa pero él la oía rugir, incluso cuando las ramas estaban quietas y la bandera colgaba de los laterales de los edificios como un pañuelo estrellado, incluso entonces, la oía rugir. Él respondía despotricando, corría hacia ella con la misma intensidad con que la sentía correr hacia él, eran dos camiones embistiéndose en una carretera del tamaño de un continente.     
Mientras pedaleaba por Greenwich Village, con la bici amenazando con doblarse bajo su mole, el viento acechaba en cada esquina como una turba para arrojarle porquería a la cara: diarios, latas, envoltorios de comida, arenilla, una chaqueta andrajosa y grasienta. Mantenía largas discusiones con otros usuarios de la calzada, durante cuatro manzanas intercambió insultos con el conductor de una camioneta cuyo espejo retrovisor había rozado sin querer con el hombro. Bramaba a todo el que se cruzara en su camino... y todo el mundo se cruzaba en su camino: tipos en furgonetas, coches y taxis, peatones, mujeres en bicicleta, todos sin distinción, todos eran iguales. Y no solo la gente, sino también los baches, los coches aparcados, los semáforos que aguantaban en rojo demasiado rato.     

La rabia nunca le abandonaba. Incluso en calma, el piloto de su rabia seguía parpadeando, dispuesto a saltar en cualquier momento. Hasta cuando estaba tranquilo una parte de su cabeza chillaba. No sabía por qué era así, pero sabía que tenía que ser así, no había otra. Su rabia era una forma de energía, parte del fuego que le recorría por dentro. Por eso había crecido tanto, para tratar de acomodar todo lo que ocurría en su interior, salvo que tendría que haber sido del tamaño de un edificio para contenerse. Era como un país donde la temperatura cambiase bruscamente cada pocos segundos pero todo fuera abrasador: un frío abrasador, un calor abrasador, una lluvia abrasadora, un hielo abrasador.     Su cuerpo tenía un clima propio, cambiaba con el transcurrir de los meses, engordaba veinticinco kilos en nada y luego los adelgazaba igual de rápido. A veces era gordo, otras solo corpulento, pero sobre todo crecía, su cuerpo iba adoptando la forma de un suéter viejo.     

Probó dietas y pastillas, pero habitualmente ingería tres o cuatro cenas por noche, cada una acompañada de extras y guarniciones y rematada por un par de cuencos de helado. Nunca se hartaba del helado: cualquiera que fuera el sabor, el tipo, daba igual. Una vez perdió dieciocho kilos con una dieta y nadie se dio cuenta, fue como quitar un par de libros delgados de una biblioteca del tamaño de una casa. Así como debías encontrar tu propio sonido, tenías que dar con tu tamaño, y la tradición decretaba que cuanto mayor, mejor. El peso nunca lo ralentizó; cuanto más engordaba, más intenso se volvía, como una bolsa llena a reventar.     

La gente decía que era más grande que la vida, como si la vida fuera una cosita minúscula y débil, una chaqueta varias tallas pequeña a punto de descoserse al menor movimiento.     
Mingus Mingus Mingus, no un nombre, sino un verbo, incluso el pensamiento era una acción, un impulso interiorizado.

Geoff Dyer - But beutiful

20 comentarios:

Juan Nadie dijo...

Todo un mundo inagotable, Charles Mingus.

Gatopardo dijo...

Un genio con justificada "mala leche".

marian dijo...

Lo primero: ¡FELIZ CUMPLEAÑOS, GATO!

Gatopardo dijo...

Muchas gracias. ¡Qué memoria/organización!

marian dijo...

Lo he leído en la revista "Rolling Stone", en el apartado "Sociedad".

marian dijo...

Vamos, que en Mingus se da, literalmente, aquello de: Genio y figura.

Juan Nadie dijo...

¿Cumpleaños? Cumplesiglos!
Felicidades, hombre!

marian dijo...

Un regalo por el cumplesiglos: https://www.youtube.com/watch?v=lP2LBxqDkOA

carlos perrotti dijo...

Me sumo, Gato, feliz cumple. Redondo post te regalaste...

Gatopardo dijo...

Gracias viejos. Lo de viejo va para uno que yo me sé...

Gatopardo dijo...

La letra del My Way no va totalmente desencaminada, no...

jose dijo...

Que callao te lo tenias
Se hecha en falta una invitacion ;-)

marian dijo...

Se lo gasta todo en el Mercadona y no le llega para invitar a los amigos.

Gatopardo dijo...

Has dado en el clavo.

marian dijo...

Pero más a gusto estarías en La Boquería de Barcelona.

Francesca Paolucci dijo...

Mingus is my husband's favourite composer.

Gatopardo dijo...

He vivido dos años en Barcelona y la frecuentaba con cierta frecuencia y placer.

marian dijo...

No me extraña, y algún que otro lugar con aroma a jazz, seguro.

Gatopardo dijo...

I know it Francesca. Next five posts are about Mingus.

Gatopardo dijo...

No te quepa ni la menor duda. Ay la calle Aribau...