domingo, 27 de julio de 2014

Acerca de Coltrane




Lo mejor que han dicho los negros sobre su alma lo han dicho en un saxo tenor.

Ornette Coleman

No sorprenderá que en este punto aparezca el nombre de Coltrane. Todas las corrientes mencionadas convergen en él. La sensación de peligro que es inherente e inevitable en la arrasadora evolución del jazz se deja oír en Coltrane. Desde principios de los años sesenta hasta su muerte, en 1967, Coltrane suena como si estuviera impulsando a la música a avanzar y, al mismo tiempo, esta tirase de él. Era un consumado intérprete de bebop que trataba constantemente de librarse de las limitaciones formales existentes. En los cinco años que duró, el cuarteto clásico formado por Coltrane, Elvin Jones, Jimmy Garrison y McCoy Tyner —la relación creativa entre cuatro hombres más grande de todos los tiempos— aupó al jazz a una cima de expresividad que rara vez ha superado cualquier otra forma de arte. Es Coltrane quien lidera, pero depende totalmente de la sección rítmica, que no solo le sigue por su laberinto de improvisaciones respondiéndole en una fracción de segundo, sino que le obliga a mayores esfuerzos. Una exploración extrema del potencial de la forma difícilmente parece el medio adecuado para contener la fuerza y la intensidad del hombre en el que la música tiene su origen. En las últimas grabaciones del cuarteto lo escuchamos sufrir en la frontera de lo posible, escuchamos una forma musical altamente evolucionada llevada al límite (Coltrane, como veremos, no se detuvo ahí).     
Un disco clave en el ascendente musical del alma en Coltrane, A Love Supreme, cierra con un largo sueño de inmanencia, una búsqueda de un final que deja al saxo tenor flotando a la deriva sobre la sección rítmica como si fuera humo. First Meditations (for Quartet), un disco que se grabó seis meses después, en mayo de 1965, comienza con ese deseo de acabar: el cuarteto no tiene adónde ir pero no obstante sigue forzándose a avanzar. Toda una cara del disco es un doloroso adiós, los cuatro miembros del cuarteto se despiden: unos de otros, de la cohesión, de la idea del cuarteto como formación capaz de contener el espíritu incansable de Coltrane.     
Resulta evidente a la primera escucha la belleza terrible de las interpretaciones de First Meditations (for Quartet) y Sun Ship (agosto de 1965), bastante similar. Pero no me di cuenta de lo terrible que es hasta que escuché a Pharoah Sanders tocando «Living Space» (grabada originalmente por Coltrane en febrero de 1966) a dúo con el pianista William Henderson. Aunque no tan crudo, el sonido de Pharoah desprende toda la intensidad y la pasión de Coltrane, pero es sereno de un modo desconocido en los años postreros de Coltrane. Me preguntaba por qué (al fin y al cabo la crítica en realidad es solo un modo de articular emociones) y pronto comprendí que tenía que ver con Elvin Jones. A medida que fue evolucionando, el sonido del cuarteto terminó cada vez más dominado por lo que, en esencia, eran peleas entre Coltrane y Jones, cuyas baterías semejan una ola que nunca termina de romper, que siempre está rompiendo. Ya en 1961, al final de «Spiritual», el soprano parece a punto de ahogarse bajo el peso de las baterías, pero luego vuelve a emerger, flotando por encima de la marea de percusiones que le cae encima. Para cuando grabaron Sun Ship, sobre todo «Dearly Beloved» y «Attaining», Jones era mortífero: parece imposible que el saxofón pueda sobrevivir al vapuleo de la batería. Coltrane está en la cruz, Jones clava los clavos a martillazos. La oración se hace grito. Si Jones suena como si quisiera destruir a Coltrane, está claro que este quería —necesitaba— que lo intentara. Efectivamente Coltrane quería que Jones fuera todavía más allá, y durante un tiempo se enfrentó a dos bateristas: Jones y Rashied Ali, un intérprete todavía más salvaje. Las últimas grabaciones de Coltrane fueron dúos con Ali, pero su relación no transmite la misma sensación de compulsión incesante que la que tuvo con Jones.     
Coltrane había empleado en diversas ocasiones a músicos como Eric Dolphy para complementar el núcleo del sonido del cuarteto. A partir de 1965 fue añadiendo músicos continuamente, con los que inundó el cuarteto y alcanzó una densidad sonora casi impenetrable, rechazando la versión de First Meditations del cuarteto en favor de otra más extrema con la participación de Pharoah Sanders y Rashied Ali. Al no tener clara cuál podría ser su aportación a semejante formación, Tyler abandonó el cuarteto en diciembre de 1965 y Elvin Jones, tres meses después. «A veces no conseguía oír lo que estaba haciendo... De hecho, ¡no oía a nadie! —dijo Jones—. Solo oía un montón de ruido. No sentía la música, y cuando no la siento, no me gusta tocar».
En buena parte de la fase final de Coltrane (cuando el núcleo del grupo lo formaban Garrison, Ali, Sanders y Alice Coltrane al piano) hay poca belleza y muchas cosas terribles. Es una música concebida in extermis que también se escuchaba mejor in extremis. Mientras que las preocupaciones de Coltrane iban tomando un cariz cada vez más religioso, su música presentaba mayoritariamente un paisaje violento, plagado de caos y alaridos. Es como si intentara absorber toda la violencia de la época en su música para dejar un mundo más pacífico. Solo muy de vez en cuando, como en la evocadora «Peace on Earth», por fin parece capaz de participar de la respuesta que confiaba en crear.   

Geoff Dyer - But beutiful  

12 comentarios:

Juan Nadie dijo...

Siempre es un placer aprender con los textos de Dyer.

marian dijo...

Y escuchar y ver a John Coltrane (y a los demás)

marian dijo...

Me gustaría escuchar a Coltrane "in extremis".

carlos perrotti dijo...

Saint John Coltrane "sigue en la cruz". Tan nítido fragmento. Uno más y van...

Gatopardo dijo...

Cuánto más le escucho, más me gusta. No puedo decir más. Incluso "in extremis".
.....y los que faltan.

marian dijo...

Lo digo muchas veces, pero no me importa repetirme. Hay músicos que no son músicos, que son la música en toda su esencia. Coltrane es uno de ellos.

Gatopardo dijo...

Suscribo sin que sirva de precedente.

Gatopardo dijo...

Por cierto, he puesto un post en La Lente, que no sé porque c... no sale indicado en los banners.

Juan Nadie dijo...

Ahora ya sale. Estos de blogger son unos bardales.

Gatopardo dijo...

Cualquier día esto estalla.

marian dijo...

Los tres minutos y medio del principio son bestiales.

Gatopardo dijo...

Es que Coltrane tenía una intensidad bestial.