sábado, 5 de mayo de 2012

The Girl from Ipanema - Erroll Garner


Sin duda, La chica de Ipanema es el tema más célebre del mítico dúo brasileño de compositores Carlos Antonio Jobim/Vinicius de Moraes. Muchas veces os habréis preguntado por su improbable e inexistente apariencia. La "chica" existe, se llama Heloísa Eneida Menezas Paes, pero cuando los autores de la canción se fijaron en ella, corría el año 1962, se llamaba Heló Pinheiro. Tenía 15 años de edad y solía acudir al café Veloso de Ipanema, en Río de Janeiro, a comprar tabaco para su padre.

Además de despejaros la incógnita, os dejo un vídeo de la visión personal de Erroll Garner sobre esta mítica bossanova.


viernes, 4 de mayo de 2012

Paul Emil Breitenfeld (Paul Desmond)

No faltan ejemplos de músicos de jazz que, por el motivo que fuera cambiaron su nombre por otro. Un caso curioso es el del saxofonista Paul Emil Breitenfeld, que pensaba que su nombre ral sonaba "demsiado Irlandés" y cierto día optó por mirar al azar un nombre en el calendario. La suerte le llevó a adoptar el de Paul Desmond. Actualmente se recuerda a Paul Desmond, aquél elegante saxofonista, sobre todo por sus colaboraciones con Dave Brubeck, muy especialmente en el ya clásicos -y, por cierto, compuesto por el propio Desmond- Take Five.
Os lo dejo en una versión del tema de Paul Simon Mrs Robinson.


jueves, 3 de mayo de 2012

Lee Konitz & Lennie Tristano

El cool jazz no podrá ser rotundamente clasificado de "jazz blanco", como el dixieland, si incluimos entre sus cultivadores a Lester Young y a Miles Davis. Sin embrago Lee Konitz, uno de los más destacados intérpretes de la escuela y uno de los músicos blancos más dotados, no puede ser emparejado con Davis o con Young salvo en sus aspectos más superficiales. Si comparamos a Konitz con Davis veremos que, a pesar de haber tocado juntos en diversas ocasiones y de que juntos crearon parte de la mejor música de coolk jazz (los ocho discos que grabaron entre 1948 y 1949), sus enfoques básicos son totalmente dispares, aunque los dos, dentro de las limitaciones y exigencias de sus respectivos instrumentos, prefierann los sonidos puros, casi sin vibrato. Y aqui terminan las semejanzas. John Lewis, el pianista y director del Modern Jazz Quartet, y el pianista Lennie Tristano, as blanco de una de una de las más excitantes ramas del estilo cool, están considerados por igual como artistas pertenecientes al cool jazz. Sin embargo, sería difícil encontrar dos instrumentistas y compositores más dispares. Lewis, pese a su insistencia en empapar sus composiciones con los dictados de la música europea, es uno de los más conmovedores intérpretes de blues que hay en el jazz, pero resulta muy difícil imaginar a Tristano tocando blues.

Blues People - LeRoi Jones (Amir Baraka)


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miércoles, 2 de mayo de 2012

Blue in Green

Paul Virilio, el filósofo francés, dice que ya hemos colonizado el espacio y que ahora estamos colonizando el tiempo. La velocidad lo es todo. Velocidad, velocidad, velocidad, rápido, rápido, rápido, ya, ya, ya. La comunicación digital. Las "comodidades" de la vida moderna. Pero el arte y por ende la música necesita calma. El arte es estático -inerte- hecho para la contemplación y el placer. Es un punto de meditación. El afán por ir deprisa es casi la intención contraria al arte.
Menos mal que nos queda la música de Bill Evans. 
Os dejo éste maravilloso tema compuesto al parecer por Bill Evans, aunque se lo adjudicó Miles Davis para su álbum Kind of Blue, en versiones de Chet Baker y Naruyoshi Kikuchi & Hiroshi Minami.


martes, 1 de mayo de 2012

Snooks Eaglin, el guitarrista prodigioso de Nueva Orleans

"Podía tocar cualquier cosa que tuviera cuerdas". Así definía Quint Davis, director del Festival New Orleans Jazz and Heritage, a Snooks Eaglin, que murió el 18 de febrero en esta ciudad, de la que nunca salía. Sufrió un infarto y llevaba un año luchando contra el cáncer de próstata. Fird Eaglin Jr. nació en Nueva Orleans el 21 de enero de 1936, y siendo niño, quedó ciego a causa de un glaucoma y lo primero que tocó fue un ukelele con cuerdas de goma que le regalaron. Pegado a la radio, pasó después a la guitarra, que aprendió a tocar de oído. Precisamente tomó su nombre artístico, Snooks, en homenaje a un personaje radiofónico llamado Baby Snooks. Fue a la Escuela Louisiana para Ciegos de Baton Rouge, pero a los 14 años abandonó los estudios para dedicarse profesionalmente a la música. Se unió a los Flamingos, un septeto de rhythm and blues. Con ellos vivió una de las anécdotas más llamativas de su juventud. Después de una gala nocturna en un pueblo llamado Donaldsonville, los músicos estaban tan borrachos que decidieron que debía ser Snooks quien condujera de vuelta a casa. Y lo hizo, siguiendo las curvas de memoria. Así se lo contó a John Blancher, propietario del club Mid-city Lanes, donde Eaglin tocaba a menudo, como explicaba The Times-Picayuna. Cuando llegaron a su casa, su madre salió enfurecida y los mandó a todos a la iglesia para dar gracias por semejante milagro. Blancher conoció a Eaglin después de que se lo recomendara Robert Plant, el líder de Led Zeppelin, que se lo habían presentado en una fiesta. Sus dedos hacían prácticamente números de circo sobre las cuerdas de la guitarra, fuera de seis o de 12 cuerdas, y cantaba con una voz ronca trufada de emoción. Tocaba sobre todo con la uña del pulgar y en ocasiones en posturas inverosímiles. Además, conocía al menos 2.500 canciones, lo que le convertía en una especie de rocola humana que podía tocar desde el Para Elisa, de Beethoven hasta el Ready for Love, de Bad Company. "La razón por la que cubro un campo tan amplio", dijo en una entrevista en The Guardian en 1989, "es porque cuando tocas música, tienes que seguir moviéndote. Si no, eres como un aficionado que repite lo mismo todas las noches, y es una lata". Dado a recluirse y excéntrico en ocasiones, quien quisiera verlo tenía que ir a Nueva Orleans. Allí vivió en Saint Rose con su esposa, Dorothy, Dee, durante 30 años. Ella se sentaba a un lado del escenario cuando él tocaba. Tuvo de espectadores, además de Plant, Paul McCartney o Eric Clapton, a Bonnie Raitt, a quien le dijo desde el escenario: "¡Escucha esto, Bonnie! Vas a aprender algo esta noche". 

LILA PÉREZ GIL/EL PAÍS