domingo, 7 de abril de 2013

Sonny Criss

En 1966 las cosas empezaron a tomar un cariz menos deprimente para el tímido saxofonista de Memphis: a raíz de una reseña aparecida en Down Beat, Don Schlitten de Prestige Records se puso en contacto con Criss y dio comienzo a una relación musical que cristalizaría en forma de siete discos para la casa. El primero de ellos fue This Is Criss!, grabado el 21 de Octubre de 1966 junto a Walter Davis (piano), Paul Chambers (contrabajo) y Alan Dawson (batería). Se trata de una sesión equilibrada y vibrante que metió al saxofonista en el mundillo jazzístico que habitualmente le había dado la espalda. 


Por entonces Criss empezó a trabajar para tratar de alejar a jóvenes descarriados de las garras del alcoholismo y otras adicciones. Era inevitable que antes o después su camino confluyese con el de Horace Tapscott, un tipo que consagró buena parte de su energía a inculcar a los jóvenes de barrios marginales de Los Angeles unos tímidos rudimentos educativos, nociones básicas de supervivencia urbana y un conocimiento elemental de la cultura negra que les ayudase a valorarse como seres humanos en el seno de una sociedad empeñada en estigmatizarlos como bazofia negra. Y, mira tú por dónde, de aquel encuentro afortunado surgió la idea que terminaría germinando en la forma del disco más extraño de la carrera de Sonny Criss: Sonny’s Dream (Prestige, 1968).

Se trata de una grabación en noneto subtitulada The Birth Of The New Cool; la referencia al The Birth Of The Cool de Miles Davis no puede ser más explícita. Sin embargo las similitudes entre ambas grabaciones desaparecen en el título y la formación... no en vano habían transcurrido casi veinte años desde que se grabase aquella joya de Miles. Sonny’s Dream consta de seis excelentes composiciones y arreglos de Horace Tapscott (que, por cierto, no participó como pianista en la grabación), plenas de las estructuras modales tan de su gusto, magníficamente estructuradas. Criss adapta perfectamente su personal estilo, tan forjado en estructuras armónicamente tradicionales, a este contexto sonoro nuevo para él, hasta el punto de que asoma en él una nítida influencia coltraniana (etapa Atlantic, para entendernos) que va mucho más allá del obvio uso del saxo soprano en algunos temas: algo de sus obsesivas líneas se aparece en Sonny’s Dream, sin duda producto de la confrontación de Criss con los modos (esa influencia coltraniana se detecta también en otras grabaciones de Criss de la época, si bien de manera menos acusada). Este disco no solo es una estimulante rareza en la discografía de Sonny Criss; también, y sobre todo, es una magnífica y semiolvidada joya de la segunda mitad de los años sesenta, alejada del fragor experimental del avant-garde pero igualmente intrigante y valiosa.

Entre 1966 y 1969 Prestige editó siete grabaciones de Sonny Criss, dándole así una estabilidad discográfica de la que hasta entonces no había disfrutado. En sus propias palabras: “Durante muchos años no hubo perspectivas de futuro (…). Bien, ya no me siento de ese modo, ahora la situación es completamente diferente. Las perspectivas son mejores que nunca”. Además de This Is Criss! y Sonny’s Dream, Prestige editó Portrait Of Sonny Criss (1967), Up, Up And Away(1967), The Beat Goes On! (1968), Rockin’ In Rhythm (1968) y I’ll Catch The Sun (1968). Son todas ellas grabaciones más que notables, sesiones en que el saxofonista se enfrentó a repertorios con amplia presencia de éxitos del momento (Days Of Wine And Roses, On A Clear Day, Up, Up And Away, Sunny…) sin perder su identidad y facturando música no memorable pero sí francamente atractiva. No obstante, las pobres ventas llevaron a Criss a verse de nuevo sin discográfica a finales de la década. Ante esta dificultad, nuestro saxofonista ensayó una respuesta ya conocida: viajó a Europa para una larga temporada.

A su regreso en 1975 le esperaban un par de intensos y fructíferos años de grabaciones para varios sellos y el cáncer de estómago que nos lo arrebató. Este puñado de discos de madurez muestran a un Criss menos chispeante de lo habitual, más sobrio y penetrante, un orfebre de melodías capaz de combinar con naturalidad talento y experiencia. Su sonido ha ganado en profundidad expresiva, si bien parte de la despreocupada alegría de siempre se ha marchitado en favor de cierta agridulce rugosidad. Apetece escuchar a este Sonny Criss, él sigue poniendo al mal tiempo buena cara y despachando un jazz fundamentalmente alegre aunque teñido de cierta amargura bluesy. Saturday Morning(Xanadu, 1975) y Out Of Nowhere (Muse, 1975) se grabaron en cuarteto, con Barry Harris, Leroy Vinnegar y Lenny McBrowne el primero, con Dolo Coker, Larry Gales y Jimmie Smith el segundo, y Crisscraft (Muse, 1975) en quinteto con estos últimos más el guitarrista Ray Crawford. Resulta difícil resaltar alguno de ellos sobre el resto: los tres suenan de muerte y son conceptualmente bastante parejos, con temarios que combinan standards, temas de moda y alguna que otra rareza (en Crisscraft, por ejemplo, interpreta dos composiciones de su viejo colega Horace Tapscott). Personalmente no puedo dejar de preferir Saturday Morning, donde Barry Harris vuelve a dejar bien claro que por donde pasa no es posible un swing mojigato.

Pero aquel fructífero año no había terminado todavía para Sonny Criss: aún tuvo tiempo de grabar el primero de los dos discos que realizó para el sello Impulse!, Warm And Sonny (Impulse!, 1975). Tanto para éste, como para su hermano gemelo (The Joy Of Sax –Impulse!, 1977) Criss contó con una nutrida orquesta que no sirvió, sin embargo, para lograr que la música resultante remontase el vuelo: ambos resultan decididamente vahídos y poco atractivos.

Las cosas no parecían irle mal del todo a Criss, pues, cuando en noviembre de 1977 se arrebató la vida de un disparo. Propios y extraños se mostraron incrédulos al enterarse: no les cuadraba con el carácter del saxofonista, que se había enfrentado siempre con entereza a las numerosas zancadillas que le puso la vida, tan triste e irrevocalbe salida. A Sonny, cuando todo se torcía, siempre le quedaba París… pero no esta vez.

Pasaron años antes de que trascendieran los motivos del saxofonista para tomar tan dramático camino: un cáncer de estómago le estaba devorando por dentro, en medio de insoportables dolores, sin futuro posible, y la perspectiva de la cruel agonía que le esperaba le llevó a poner fin anticipadamente a su tormento.

Y así nos dejó un grande del saxo alto, uno de esos músicos que transmiten buenas vibraciones desde la primera nota. Como apuntaba al principio del recorte, Criss fue un fino estilista y temible improvisador; y también un músico de primera que dirigió una carrera discográfica de segunda. Y, ante todo, un hombre cuya música continúa trayendo placer al oyente 35 años después de desaparecer su artífice.



13 comentarios:

Juan Nadie dijo...

Una lastima el final de Sonny Criss.
Tenia un buen sonido.

marian dijo...

Qué sensibilidad al saxo.

Gatopardo dijo...

Para sensibilidad:
https://dl.dropbox.com/u/15504928/Oscar%20%26%20Dizzy.zip

Juan Nadie dijo...

Ya lo bajé. Lo estoy escuchando ahora. Buenísimo.

marian dijo...

Yo también, muchas gracias, eh, Gato.
Pero qué "musiqueiros" somos.

Gatopardo dijo...

Y tanto.

Juan Nadie dijo...

Por cierto, el otro disco que me has pasado de Dizzy y Peterson me gusta aún más. Es más tranquilo y más blusero, tiene más musicalidad, para mi gusto.

Gatopardo dijo...

Es más clásico.

marian dijo...

Hay que compartir.

Gatopardo dijo...

https://dl.dropbox.com/u/15504928/Stuff%2C%20Oscar%20%26%20Dizzy.zip
Vaaaale.

marian dijo...

Ya está compartido, gracias de nuevo.
Cierto, es más tranquilo, y con el violín...

Juan Nadie dijo...

Y con más swing, que se me olvidaba.

Gatopardo dijo...

Aún así, me gusta más el anterior.