miércoles, 15 de octubre de 2014

La era del jazz

Fotografía: Herman Leonard
La era del jazz

Es demasiado pronto para escribir sobre la Era del Jazz con perspectiva y sin ser sospechoso de arteriosclerosis prematura. (...) Sin embargo, el autor de estas líneas siempre la recuerda con nostalgia. Le sostuvo, le halagó y le proporcionó más dinero del que había soñado, simplemente por decirle a la gente que el sentía lo mismo que ella, que había que hacer algo con toda la energía nerviosa acumulada y no gastada durante la guerra.
El periodo de diez años que, como si se resistiera a morir pasado de moda en la cama, tuvo una muerte espectacular en octubre de 1929, había comenzado más o menos en la época de las revueltas del 1 de mayo de 1919. (...)
Ahora tenemos apretado el cinturón una vez más y ponemos la expresión de horror adecuada cuando volvemos la vista hacia nuestra desperdiciada juventud. A veces, sin embargo, hay un rumor fantasmal entre los tambores, un susurro asmático en los trombones que me devuelve a los primeros años veinte, cuando bebíamos alcohol de madera y cada día, y en todos los aspectos, nos hacíamos mejores y mejores, y hubo un primer intento abortado de acortar las faldas, y las chicas parecían todas iguales con sus vestidos de sweater, y personas a las que uno no quería conocer cantaban: "Yes, we have no bananas". Parecía sólo cuestión de unos pocos años el que la gente mayor se hiciera a un lado y dejara que el mundo lo manejaran quienes veían las cosas como era -y todo eso nos parece rosado y romántico a nosotros que entonces éramos jóvenes-, porque nunca volveremos a sentir tan intensamente lo que nos rodea.

Scott Fitzgerald - Ecos de la edad del jazz 

domingo, 12 de octubre de 2014

Jazz y cine

Estreno de "The Jazz Singer"

Jazz en la pantalla

Ya en 1981 David Meeker censó más de 3.700 películas en las que el jazz estaba presente de algún modo. La primera película sonora, "El cantor de jazz" (The Jazz Singer,1927) presento al célebre cantante Al Jolson cantando "Mammie" con el rostro pintado de negro, a la manera de los minstrels. En 1929, King Vidor rodó una de sus obras maestras, "Aleluya", primera película sonora interpretada enteramente por negros en la que destacan la belleza de los espirituales y escenas como el bautismo en el río y la lucha a muerte en el pantano, puntuada por los jadeos de los rivales. Al año siguiente, John Murray Anderson realizó "King of Jazz", que entronizaba al blanco Paul Whiteman y su orquesta como principales representantes de esta música. Otro tanto hizo William Dieterle en "Syncopation" (1942), que ofrece una versión demencial del nacimiento y desarrollo del jazz en Nueva Orleans en la que los honores son para los blancos Benny Goodman,  Gene Krupa, Harry James, Joe Venuti y otros, y el único negro, que aparece brevemente, es Rex Stewart. En "New Orleans" (1947), de Arthur Lubin, intervienen Billie Holiday y Louis Armstrong, pero la invención del jazz se atribuye a Arturo de Córdova.
Tras la Segunda Guerra Mundial en Hollywood proliferaron los biopics al servicio de jazzistas blancos como Benny Goodman, Red Nichols o Glenn Miller. Dedicada a este último, "Música y lágrimas" (1953), de Anthony Mann, tiene el atractivo de su puesta en escena. "Perdidos en la gran ciudad" (1960), de Robert Mulligan, ensaya el tono de comedia para hablar de un saxofonista encarnado por Tony Curtis y doblado por Gerry Mulligan. En "Un día volveré" (1961) aparecen Paul Newman como un trombonista blanco, doblado por Murray McEachern, y Sidney Poitier como un saxofonista negro, doblado por Paul Gonsalves.
La relación entre cine y jazz ha mejorado estos últimos años con películas como "Cotton Club" (1985) de Francis Ford Coppola, "Round Midnight" (1986) de Bertrand Tavernier y la que suele considerarse obra maestra del género, Bird (1988), de Clint Eastwood, relato biográfico sobre los últimos años del saxofonista Charlie Parker.

Vicente Muñoz Puelles - El jazz  Ritmo, técnica, improvisación


miércoles, 8 de octubre de 2014

El jazz y la moralidad pública


Ralston Crawford - Dancer at the Dew Drop Inn

Jazz y moralidad pública

La mayoría de los estadounidenses blancos de mentalidad victoriana y favorables a la Prohibición, tendían a asociar la música que tocaban los artistas de Nueva Orleans con una existencia licenciosa; no es de extrañar, por consiguiente, que a pesar de su inmediata popularidad, el jazz se granjease furibundos enemigos. Si Storyville tenía su público, también contaba con numerosos detractores, pues el negocio de la prostitución implicaba factores tan desagradables como la drogadicción, el alcoholismo, las enfermedades venéreas, el juego y el crimen organizados. Convertido en sinónimo de crimen, falta de entereza moral, demencia y sexo, el jazz fue constantemente demonizando por la prensa a partir de los primeros años veinte. Tiene muchos quienes percibían hay que has como síntoma de un generalizado declive moral. En un artículo publicado en la revista Atlantic Monthly, Karl Engel urgía a sus lectores a no alarmarse en demasía, pues "casi todas la épocas históricas han conocido momentos de relajación de los instintos que la naturaleza nos ha enseñado a refrenar, instintos que, de vez en cuando y por alguna razón misteriosa, terminan por escapar a los límites impuestos por la civilización". En abril de 1922, otro artículo aparecido en el New York Times rezaba:

Músico empujado al suicidio por el jazz;
no tenía más opción que tocar la música que detestaba

Los vecinos del 124 de la calle Treinta y una Este insistían ayer en que la muerte de Melville M.  Wilson debía ser achacada al jazz (...) El empuje de la nueva música de jazz resultó excesivo para el viejo músico. Wilson no estaba dispuesto a prostituir su violonchelo ni a olvidar las viejas melodías que amaba con pasión (…) El jazz estaba en todas partes; nadie quería tener nada que ver con Wilson y su violonchelo.

Otro artículo del periódico resulta ilustrativo al respecto:

El jazz, motivo de perdición, afirman los reformistas

Chicago, 21 de Enero - El desastre moral se cierne sobre centenares de muchachas americanas sometidas al efecto desquiciante, patológico y lascivo de la música de jazz, afirmó ayer un portavoz de la Asociación de Vigilancia de Illinois.
Dicha asociación considera que sólo en Chicago más de un millar de mujeres víctimas han sido víctimas del jazz en los últimos dos años.
Esta música neurótica insidiosa que acompaña al baile moderno se cobra sus víctimas tanto en las pequeñas ciudades rurales como la metrópolis, en los hogares pobres tanto como en las mansiones acomodadas.
Esta música degradante ya no es producto de tugurios de mala reputación sino que se ha extendido a las fiestas escolares, a los hoteles de lujo y a los círculos de alta sociedad.

Frank Tirro - Historia del jazz clásico

domingo, 5 de octubre de 2014

Billie and...

Billie Holiday - Fotografía: Herman Leonard

Decía Boris Vian ante la visita, por fin, de Lady Day a Europa: "Voz de gata provocativa, inflexiones audaces, choca por su flexibilidad, su ductilidad animal -una gata con las uñas metidas, los ojos medio cerrados- o, para hacer una comparación más brillante, un pulpo. Billie canta como un pulpo. Esto no es tranquilizador, en principio. Pero cuando se os aferra, es con ocho brazos, Y no os suelta ya"...

...Noruega, Dinamarca, Alemania, Holanda, Suiza, Francia y ¡París! Los fans europeos que tanto tiempo han esperado este encuentro, la reciben con los brazos abiertos. Especialmente en París. El "saludo" del escritor, y rara avis jazzística, Boris Vian en el Jazz Hot francés no puede ser más efusivo: "Por fin Billie Holiday viene a Francia. Se la espera desde hace tantos años que esto ya no parece verdad. Uno no cree en ello...  Por suerte, estos años no han cambiado una pizca su talento. Tiene esto en común con los vinos de calidad, que ha mejorado, si esto es posible. Parece que sólo su línea ha evolucionando ligeramente, y que presenta ahora agradables redondeces (...)". Tras repasar los primeros años de su carrera, Vian concluye su salutación rompiendo una lanza por la Billie Holiday actual: "... Jamás ha tenido los medios vocales de una Sarah, de una Ylla, de una Ivy Anderson. Pero ha sabido paliar esta carencia con una inteligencia aguda de sus posibilidades, un excepcional sentido del jazz y una originalidad que bastaría, en estos tiempos de plagio donde no se puede distinguir ya a un músico de su primo o de su hermano, para merecer nuestros respetos. Los cuales le presentamos asegurándole que, con gozo sincero, nos disponemos a escucharla, en carne, hueso y voz".

Juanma Játiva - Billie Holiday

Lady Day, arropada, querida y mimada por quienes la rodean en esta aventura, responde a las expectativas creadas con una de las mejores grabaciones en vivo de su carrera. Corroborada por los aplausos del público y de los propios músicos. A pesar de su voz desgastada, su exhibición de recursos y de talento jazzístico la convierten esa noche, en palabras de Hentoff, en "la mejor cantante de jazz viva".
Mal Waldron será el último pianista con quien trabaje regularmente. Recibe una llamada urgente de Dufty para reunirse con Lady en Filadelfia. Para él es todo un acontecimiento. Nada menos que Lady Day, "la cantante más grande de mi tiempo", según sus propias palabras. Los nervios del compromiso desaparecen cuando ella le ofrece todo su apoyo. Chilton recoge el testimonio de Waldron sobre el inicio de esta conversación: "Me dijo que no tocaba bastante funky, y desde ese día hasta ahora, trabajo y tocó más bluesy y terrenal para ella".

Juanma Játiva - Billie Holiday

Prez se encuentra enfermo y débil. Lady no tiene la voz de antaño. El saxofonista y ella no se han dirigido la palabra durante los ensayos. Lady comienza a cantar Fine and Mellow, una de esas pocas canciones que llevan su firma y, a la vez, uno de los escasos blues de su repertorio: "En esta ocasión -escribe Hentoff- se valió de ella no tanto para hablar de dificultades y problemas, sino más bien del triunfo agridulce se haber sobrevivido...y de haber tenido algunos momentos de placer por el camino. Pese a la leyenda de que en sus últimos tiempos sonaba como un eco ronco y gastado de lo que había sido años atrás (...), esa tarde Lady Day demostró un dominio absoluto de aquel instrumento mordaz, penetrante, sinuosamente rítmico, que era su voz".
Y Lester emerge de sus propias tinieblas. el tiempo parece haberse detenido cuando éste se incorpora como puede y sopla en la boca de su saxofón. Cualquiera que vea esas imágenes y escuche ese sonido, puede suscribir las palabras de Hentoff, que revive la escena de la que es promotor y testigo privilegiado:  "...Entonces tocó el estribillo de blues más sobrio, más depurado que yo haya oído en mi vida. Billie, sonriendo, marcando el beat con la cabeza, miraba a los ojos de Prez, que tampoco apartaba la vista de ella. Billie recordaba con dulce pesar el pasado de ambos. prez también. Fuera lo que fuese lo que había acabado con su relación, quedó olvidado en la comunión de la música". Lo cierto es que su relación no acabó nunca, pero pocas descripciones de una actuación resultan más emotivas que la conclusión de Nat Hentoff: "Sentado en la penumbra de la sala de control, sentí aflorar las lágrimas, y las vi correr por el rostro de casi todos los que me rodeaban". 
Imagen y sonido se aúnan para mostrar, con una desnudez tan inocente que casi hace daño, un instante mágico, uno de los documentos más hermosos de la historia del jazz. Físicamente, la comunicación entre ambos se interrumpe de nuevo ese mismo día, pero permanecerán en contacto -a decir de Chilton- a través de una amiga común. En París, un Lester gravemente enfermo aprieta entre sus labios ese cordón intangible que une sus vidas con unas pocas palabras: "Ella es por siempre mi Lady Day". Por siempre es más allá de la muerte. Desde el Blue Note de París, Prez vuelve a Nueva York justo tiempo de morir, buscando el aislamiento voluntario. El 19 de noviembre de 1958, Billie asiste a su funeral, demacrada y con una pequeña botella de ginebra a mano. A quién puede oírle susurra: "Estas cosas vienen de tres en tres", para añadir a continuación: "Y yo soy la que hace el número tres".

Juanma Játiva - Billie Holiday

miércoles, 1 de octubre de 2014

Billie

Billie Holiday Fotografía: Herman Leonard

Cambio de instrumento

Papá siempre quiso tocar la trompeta, pero nunca tuvo la oportunidad. Antes de que lográramos comprarla, el Ejército lo cogió y lo embarcó para ultramar. Tuvo la mala suerte de ser uno de los que respiraron gases tóxicos, lo que le estropeó los pulmones. Sospecho que si hubiera tocado el piano le habrían dado en las manos.
Haber inhalado gases tóxicos puso fin a sus esperanzas de ser trompetista, pero fue el inicio de una carrera de éxito con la guitarra.

Billie Holiday - Lady sings the Blues

Al igual que otros, Lady Day no vivió el tiempo que le correspondía, o que merecía vivir. Pero la botella de náufrago llena de maravillosas canciones que lanzó al agua, sitúa su voz y su vida misma en el espacio de lo intemporal. Un espacio propio que le corresponde como intérprete entregada a su arte único e inevitable. Llámesele jazz, blues o simple canto. Billie Holiday vive en cualquier sitio que alguien sueñe, sufra y se empeñe en arrancar una sobredosis de emoción y felicidad a la vida. Aunque el precio sea la vida misma.

Óscar Peterson dedico un poema a Billie Holiday que ésta nunca tuvo oportunidad de leer. Nosotros sí. Sus últimas estrofas dicen así:

Su vida fue una tortura, atrapada por las drogas
Las malas lenguas del centro de la ciudad no le ayudaron en absoluto
La infestaron implacablemente mientras luchaba en vano
Por abandonar su hábito y reinar una vez más de nuevo
Como la verdadera Lady Day, tal como la conocimos entonces
Con esa voz que aminoró el tráfico y silencio el Big Ben
Pero no había tiempo para nada de esto, la profecía estaba cumplida
E invocó a Billie con un mensaje tan conciso
Que apenas tuvo tiempo de acabar la introducción
Para 'More Than You Know', que todos nosotros adorábamos escuchar
Antes de que nos diéramos cuenta, ella se había ido
A un lugar muy lejano libre de víboras
Donde vive ahora y canta sencillamente con plenitud de sentimiento

Lady Day grabó por primera vez More 'Than You Know ' con Teddy Wilson como figura estelar. Da la casualidad de que fue en la última sesión en que el gran pianista ejercía el papel de introductor de Lady Day. Nunca volvería al estudio bajo la tutela de 'Teddy Wilson & His Orchestra'. Treinta y dos años más tarde, en 1972, Wilson grababa un disco en solitario. El crítico Michael Brooks, que se encontraba presente en la sesión cuenta una pequeña historia. En medio de alguna conversación surgió el nombre de Billie Holiday. Dos jóvenes que ayudaban al productor del disco en sus tareas, entusiasmados con el jazz, clavaron su mirada en el veterano pianista y le preguntaron: "¿Usted la conoció?". "Yo puse mala cara -sigue Brooks- esperando la inevitable detonación. Ele tiempo y el negocio de la música habían transformado al culto y educado Teddy de los años treinta en un solitario amargo y áspero. Para mi sorpresa, todo lo que hizo fue asentir y replicar: Sí, la conocí. Animado el interesado continuó el interrogatorio en la misma línea: ¿Y qué? ¿Qué tal era ella?". Con toda seguridad, el joven curioso esperaba una contestación con muchos más morbo del que le proporcionó el bueno de Teddy. " Teddy sonrió -concluye Brooks- y por un instante fue como sí volviera la mirada a 1935. Era una buena persona, dijo. Una gran señora". Wilson podía haber dado otra respuesta: "Escuchad sus canciones". El alma, la vida, la personalidad el tiempo y el talento de Lady Day están en su música. Su música lo dice todo. Y a ella volvemos siempre.

Juanma Játiva - Billie Holiday



Roy Eldridge (t), Ernie Powell (cl) & (ts), Benny Carter (as) & (ts), Teddy Wilson (p), Danny Barker (g), Milton Hinton (sb), and Cozy Cole (d). Recorded in New York, January 30, 1939. (Brunswick Records)