domingo, 20 de julio de 2014

Algunas razones para entender la enorme evolución del jazz

Autor: Herman Leonard

Una de las razones por las que el jazz ha evolucionado tan rápido es que los músicos se han visto forzados, aunque solo sea para ganarse la vida, a tocar noche tras noche, dos o tres actuaciones por noche, seis o siete noches por semana. No solo a tocar, sino también a improvisar, a inventar sobre la marcha. Lo que ha tenido consecuencias aparentemente contradictorias. Rilke esperó diez años a que el vendaval de inspiración que le empujó a empezar las Elegías de Duino volviera a soplar y le permitiera completarlas. Los músicos de jazz ni se plantean esperar a que les llegue la inspiración. Paradójicamente, pues el compromiso de la improvisación de cada noche, en las grabaciones y en los clubs, impele a los cansados músicos a tocar sobre seguro, a confiar en fórmulas comprobadas y trilladas. Sin embargo las exigencias de la improvisación constante implican que los músicos de jazz habiten en un perpetuo estado de alerta creativa, de predisposición habitual a inventar. Una noche cualquiera la interpretación de cualquier componente de un cuarteto puede ser lo bastante enérgica para elevar la actuación del resto del grupo hasta que un escalofrío recíproco recorra a espectadores y músicos por igual: de pronto la música está pasando. Las condiciones laborales de los músicos de jazz, además, conllevan que se disponga de cantidades ingentes de material para grabar (cada año se publican docenas de actuaciones inéditas de músicos de la talla de Coltrane y Mingus). Tras un par de escuchas, gran parte de dicho material suena del montón, pero incluso mientras lo estás pensando también te sorprende lo alta que es la media de calidad. O mejor dicho, puesto que el corolario de dicha observación es el crucial, te sorprende lo alto que pone el listón de calidad esta música, lo rápido que te vuelves indiferente a cualquier cosa que no esté tocada por la grandeza. La sensación que crea el jazz cuando pasa de verdad es tan sutil pero inequívocamente distinta de cuando la banda se limita a tocar que, en comparación, gran parte del catálogo jazzístico (y muchas actuaciones en directo) palidece. Saber esto —conocer esta sensación— enfrenta a los músicos de jazz a una cuesta empinada y desalentadora, sobre todo cuando en buena medida lo que constituye la grandeza en el jazz escapa al alcance de la técnica; en especial cuando, como coinciden todos los artistas, tienes que entregarte plenamente en la interpretación, cuando la música depende de tu experiencia, de lo que tienes que ofrecer como persona. «La música es tu experiencia, lo que piensas, tu sabiduría —dijo Charlie Parker—. Si no lo vives, no saldrá por el instrumento». Muchos músicos de la era del bebop —Red Rodeny es el mejor ejemplo— recurrieron a la heroína porque confiaban en que los pondría en contacto con lo que fuera que proporcionase al adicto impenitente de Charlie Parker la capacidad aparentemente infinita de inventar música. Ahora ocurre algo similar con los atletas, los deportistas toman drogas que potencian el rendimiento porque los estándares de su disciplina parecen exceder lo que puede conseguirse sin ayuda química.

Geoff Dyer - But beutiful

jueves, 17 de julio de 2014

Jazz, definición II

Autor: Herman Leonard
El origen de un nombre

Aunque los expertos en jazz han abandonado gradualmente todas las teorías acerca del momento exacto y el lugar en que surgió, dichas teorías no carecen de encanto. Una de ellas asegura que el jazz se inventó el 17 de noviembre de 1887, a la una de la madrugada, en una marisquería de Nueva Orleans popularmente conocida como "Loopy's Place". Bajo los efectos de un whisky de fabricación casera, un ayudante de barbero de unos 40 años, Thermidus Brown, a quien sus amigos y admiradores llamaban "Jazz-bo" por su elegante forma de vestir -el "bo" equivaldría al "beau" francés-, tomó una corneta increíblemente baqueteada, que había animado los fragores de la Guerra de Secesión, y empezó a juguetear con una melodía y a romper el ritmo de las frases musicales.
Más tarde, los estudiosos llamarían sincopación a aquellos jugueteos, pero Brown sólo intentaba recuperar los ritmos del banjo que de joven había escuchado en la plantación donde trabajaba como esclavo. La extraña calidad de aquella música excitó mucho a los presentes, que salieron de la marisquería y llamaron a cuantos pasaban por la calle. La voz se fue corriendo. De todas partes llegó gente para asistir al nacimiento del género, y ante la relativa estrechez de local Brown tuvo también que salir a tocar bajo las estrellas. Fue su noche de mayor gloria.
Aquellos seductores sonidos no tardaron en ser copiados por los músicos de las orquestas de baile locales y por los que actuaban en los barcos de vapor que surcaban el Mississippi. Algunos, como un tal Charles "Buddy" Bolden, que alardeeaba de que su trompeta podía oirse a veinte kilómetros de distancia, se atribuyeron la invención.
Brown se ahogó cierta noche de 1894, al caer de un barco fluvial. Había estado bebiendo varios días seguidos, abrumado porque sentía que la hayan arrebatado la fama y porque creía haber perdido la inspiración de aquella madrugada de siete años antes.
En "Ismos" (1931), libro también un tanto sincopado, Ramón Gómez de la Serna da su propia versión de la hazaña de Thermidus Brown.

El Jazz - Vicente Muñoz Puelles

Disquisición

Si se le ocurre sostener que "jazz" es la corrupción onomatopéyico de la palabra "Jars" que los naturales de Gambia utilizaron para significar el cambio de música que se produjo cuando, a consecuencia de la llegada de un cargamento de la famosa mermelada Cooper's Oxford, a dichos nativos les dio por golpear los botes de cristal vacíos con huesos secos de buitre (es imprescindible ser muy preciso en esta clase de detalles porque dan mucha verosimilitud), bien, adelante, sosténgalo. Poca gente se atreverá a contradecir tan documentada afirmación. O si prefiere remontar sus orígenes a la palabra "jizz", utilizada por los negros americanos para referirse a un tipo de actividad horizontal, tampoco habrá quién le contradiga.

Peter Grammond y Peter Clayton - Cómo dárselas de experto en jazz

martes, 15 de julio de 2014

Jazz, definición I

Autor: Herman Leonard
Definición

El jazz es la más enigmática de las formas musicales, porque no concuerda con las definiciones que se dan de él. Suele creerse, por ejemplo, que todo el jazz se improvisa, pero hay piezas de larga duración como "Fontaninebleau", de Tadd Dameron, que han sido compuestas enteramente en papel pautado. Se dice que jazz es sinónimo sincopación, lo cual es aún más inexacto, porque mucha música sincopada no es jazz. También se afirma que el jazz debe su peculiar naturaleza a sutiles e ingeniosas variaciones de la pulsación rítmica, cuando el dinamismo rítmico está ausente en ciertos ejemplos de jazz auténtico, tanto antiguo como moderno.
Cansados de su naturaleza plural y contradictoria, algunos han optado por definiciónes perogrullescas, como: "Jazz es toda música tocada por músicos de jazz".
Entre tanta indeterminación se abre paso una certeza. Mientras en la mayor parte de la música convencional el intérprete procura transmitir los hallazgos del compositor, en jazz el ejecutante es el propio compositor o alguien que actúa con tanta libertad como si lo fuera, y que cuando toca un tema lo hace de la manera más personal y diferenciada posible, como si pusiera su identidad en juego.

El Jazz - Vicente Muñoz Puelles

¡Otra vez, jazz!

¿Fecha de nacimiento del jazz? ¿Qué importa el origen, si se ha adaptado a la época y ha roto la enervadora música de los halagos mustios?
¿Qué importa que esa sucesión del viejo charivari* -gran charivari el de toda época- nos venga de Norteamérica y se sostenga que procede de una orquesta que había en el café Schiller en 1915, y en la que el negro Jasbo Brown, en la hora más excitada por las avispas de los cocktails, era interpelado con gritos de "¡Otra vez Jasbo!", y por fin, en abreviatura: "¡Otra vez, Jazz!"?

Charivari. Del francés charivari. Expresión derivada del periódico satírico parisiense Charivari, fundado en 1832 por Charles Philipon. Significa guirigay, algarabía.

Ismos - Ramón Gómez de la Serna

lunes, 14 de julio de 2014

Charlie Haden RIP




Ha fallecido a los 76 años de edad, el contrabajista Charlie Haden, el músico que abandonó el country por el jazz tras escuchar una noche en Omaha un concierto de Bird en Jazz at the Philarmonic. 

Nadie os lo puede contar mejor que Chema García Martínez.

domingo, 13 de julio de 2014

Amsterdam

Autor de la fotografía: William Claxton
En Amsterdam no se alejaba del hotel, daba breves paseos y se detenía en los puentes mientras bandas de yonquis desgarbados pasaban arrastrándose, sin saber que su santo patrón los observaba desde las sombras. La ciudad zumbaba a su alrededor: al cruzar la calle miraba a derecha e izquierda cuatro o cinco veces pero constantemente tenía que esquivar a bandazos tranvías, coches pitando y los timbres de viejas bicicletas. Una ciudad hecha de ventanas, que no escondía nada. pasaba por delante de ventanas enrojecidas por los labios de chicas que le saludaban, viejos comercios que parecían casas, casass viejas que parecían comercios. Apenas hablaba, y cuando lo hacía parecía simple coincidencia que su boca articulara las palabras que flotaban en el aire como la niebla. Sabía que se mantenía artificialmente con la vida a la gente mediante equipos de sopote vital y le parecía que en eso se había transformado su cuerpo...y cuando lo apagaran ni siquiera se daría cuenta.
De vuelta en el hotel veía trozos de vídeos, marcaba números de teléfono, fumaba y esperaba, dejando que la habitación se oscureciera a su alrededor. Por la ventana miraba las luces de los cafés que moteaban el canal igual que las hojas, escuchaba las campanas repicando por encima de las aguas negras. El viejo cuento de que al morir ves pasar toda tu vida ante ti. Su vida llevaba pasándose por delante desde que tenía uso de razón, como mínimo desde hacçia veinte años, quizá llevara todo ese tiempo muriéndose, quizá los últimos veinte años fueron simplemente el largo momento de su muerte. Se preguntaba si le daría tiempo de regresar de nuevo al hogar, a dondequiera que hubiera nacido, a Oklahoma, de convertirse en una piedra del desierto. Las piedras no estaban muertas, eran la versión pétrea de los peces que permanecen en el lecho del océano fingiéndose otra cosa. Las piedras eran el estado que buscan alcanzar los budistas y los gurús, meditación transformada de acción en cosa. Las ondas de calor era las señales de la respiración del desierto.
Entre el destello de las baldosas del lavabo se miró en el espejo y no vio nada, ningún reflejo. Se colocó justo delante, miró al frente y no vio ni rastro de su persona, solo las toallas, gruesas y níveas, colgadas detrás de él. Sonrió, pero el espejo no corroboró nada. Una vez más, no tuvo miedo. Pensó en vampiros y no muertos, pero le pareció más bienque había entrado en el reino de los no vivos. Miró fijamente el espejo, recordando los cientos de fotografías suyas repartidas por discos y revistas de todo el mundo. Cocgió de la mesa de la habitación principal la portada de un disco que mostraba una fotografía que le había sacado William Claxton hacía años en Los Ángeles. De vuelta en el baño, la levantó y miró el reflejo en el espejo. Flotando en el aire, enmarcado por las toallas y las baldosas del lavabo, el espejjo lo mostraba sentado al piano, con la cara reflejada en la tapa, perefcto como un Narciso despeinado junto al estanque. Se quedó mirando varios minutos, bajó el disco y, una vez más, solo vio una expansión nevada de toallas.

Geoff Dyer - But beutiful / Un libro de jazz