viernes, 29 de mayo de 2015

International Sweethearts of Rhythm



La guerra ofreció trabajo adicional a los músicos, si bien numerosas orquestas seguirán diezmadas con ejercito (¡los 10 miembros de la banda de Red Norvo fueron llamados a filas simultáneamente!). Tan especial situación ofreció nuevas oportunidades a los profesionales. Excelente y muy popular banda femenina de los años 40, las International Sweethearts of Rhythm, en las que destacaban la saxofonista tenor Vi Burnside y la trompetista Tiny Davis, formaron la primera orquesta femenina racialmente integrada. Agrupación que duró más de una década, las International Sweethearts solían tocar para públicos negros en teatros y salas de baile de todo el país. En el Howard Theater de Washington DC, la orquesta batió todos los récords de taquilla al convocar a 35.000 aficionados en una sola semana de 1941. 

 Frank Tirro - Historia del jazz moderno

viernes, 22 de mayo de 2015

Los primeros Jazz Clubs de España



Acerca de los primeros clubs de jazz en España, Chema García Martínez, en su libro "Del fox-trot al jazz flamenco":

"una puerta antigua, una entrada con moqueta roja, una breve escalerilla en penumbra -rojos atenuados y verdes enigmáticos- que, a fin de cuentas, conducían a un local-pasa-tiempos, en donde, contra una pared de ladrillos sin revocar, tocaban unos músicos la extraña jerga de unos sones incomprensibles…"

Eran los tiempos, recordémoslo, de Julio Cortázar, la nouvelle vague cinematográfica, de Jean-Paul Sartre. El paralelo, por lo demás, terminaba en el decorado. Según precisaba Tete Montoliu: "nosotros nos lavábamos todos los días".

viernes, 15 de mayo de 2015

El estraperlo y el jazz en España

El estraperlista va a la Boîte



En la reapertura de los locales de diversión tuvo mucho que ver el floreciente negocio del estraperlo. Echando mano de la mayor ostentación, los estraperlista gastaban sus fortunas a espuertas en boîtes, bailes, casinos y salones de las confiterías céntricas. Para el aficionado sin posibles, por su parte, el salón de té era una bicoca: al coste de una consumición mínima, podía pasarse horas escuchando a su orquesta favorita.
La proliferación y boato de las boîtes constituye uno de los fenómenos más curiosos de estos años. "Muchas de ellas eran… incluso enfocadas con la óptica actual, (…) suntuosas y abrumadoramente espectaculares". En forma sincronizada, los músicos de fama regresaron de los frentes entre la mayor expectación, se organizaron las mejores orquestas de la época precedente y se crearon otras nuevas.
Tenían las boîtes, llamadas ahora salas de fiesta, un funcionamiento, prácticamente el mismo todas ellas. Eran salón de té por la tarde, y de noche, refugio de la golfería. Su categoría se medía por la untuosidad los espejos, mármoles, fuentes y la inevitable alfombra de Damasco a la entrada.
Contaban con una orquesta titular que tocaba los números de moda, entre los que no podía faltar Lamberth Walk y Todo va bien, Señora Baronesa, título al que se saco un doble sentido en consonancia con los tiempos de penuria en los que apenas si había cosa que funcionará como Dios manda. Tampoco podía faltar el elenco de señoritas amparadas en la penumbra del petromax -ingenio que suplió a los generadores de fluido en época de restricciones-, con las que, tras abonar el número requerido de copas, se acababa en un meublé.
En la barcelonesa plaza de Cataluña radicaba la más lujosa de todas las boîtes, Rigat, cita obligada para el naranjero valenciano en visita de negocios, el tratante de ganado y el presidente de Diputación con ganas de apañarse el cuerpo. No le faltaba de nada, desde la tertulia a media tarde, al imprescindible cuerpo de señoritas de alterne, incluyendo un servicio permanente de peluquería para caballeros. En cuanto a la música, y aún con sus apuntes jazzísticos -incluyendo la presentación durante algunas semanas del saxofonista norteamericano Don Byas-, su programación era de las más conservadoras.
En Saratoga se anunciaban sesiones vespertinas de swing a sweet animadas por el pianista Pere Masmitjá. Otros locales de renombre fueron el Novedades, Lamoga, Río, Emporium y El Cortijo;  La Rosaleda, té de moda donde solía actuar Bernard Hilda; Bolero, en La Rambla, con la Orquesta Riviera, y las parrillas del Ritz y el Windsor Palace. Al cambio de década, su número superaba la veintena.

Chema García Martínez - Del fox-trot al jazz flamenco

martes, 28 de abril de 2015

Características del swing

Benny Goodman
¿Qué características diferenciaron al swing de la música que le procedió? Primero, la dimensión de las orquestas; segundo, los arreglos; tercero, el carácter de los solos, y cuarto, la transformación de la sección rítmica. Los dos primeros rasgos ya han sido descritos más arriba así que nos centraremos  en lo peculiar de los solos y las secciones rítmicas del swing.
El influjo de artistas con formación musical en las bandas swing elevo el nivel técnico de los solistas a alturas hasta entonces desconocidos en el jazz. Con todo, al mismo tiempo, los patrones melódicos tendieron a fijarse en unas escalas y arpegios clásicos que tenían un claro origen en horas y horas de ensayo basado en estudios clásicos. La calidad y la altura tonal se tornó más refinada, especialmente entre las maderas, de forma que el sonido escandaloso y subido de tono característico del jazz clásico pronto empezó a desaparecer. Los solos de trompeta se diferenciaron cada vez menos de los ejecutados por trompetistas de la esfera clásica: una práctica muy común consistía en ajustarse con fidelidad a la melodía, a la que se añadía un poco de variedad rítmica.

Con todo, los solos de las maderas comenzaron a adquirir nuevo carácter. El swing contribuyó a crear una generación de virtuosos capaces de improvisar con brillantez aún en los tiempos más rápidos. Éstos solistas tendían a arpegiar los sencillos patrones de acordes del repertorio del swing y a agrupar notas en unidades más o menos equilibradas. Cuando los metales emprendían algún solo, no era infrecuente escuchar como un simple riff melódico bastaba para agrupar las notas en patrones que subrayaban el acento corriente en un compás 4/4 en vez de oscurecer el ritmo con sincopas complejas y agrupaciones rítmicas infrecuentes. El clarinete de Benny Goodman constituye el epítome del clarinete solista de la era del swing, hasta tal punto que todo músico que quisiera tocar el clarinete en una banda de swing tenía que copiar su sonido, sus patrones, su velocidad y su impecable ejecución para poder sobrevivir en un mundillo musical cada vez más competitivo. Los solos de Goodman ejemplifican la traducción de estos conceptos a la propia música.        

Frank Tirro - Historia del jazz clásico