EL LABERINTO DE BILLY TIPTON
Nadie supo quién fue, nadie sabía
qué mirada ocultaba su mirada,
qué máscara o qué cara le fue dada
al que no pudo ser lo que quería.
Qué se puede esperar como ella hacía
en una sociedad desesperada,
quién escucha la música callada
del que lleva en el alma la poesía.
Dorothy amaba con total empeño
el misterio del jazz, el swing profundo
de la más bella música del mundo,
como un poeta puede amar el sueño.
Fue Billy Tipton, otro ser distinto,
aunque otro hubiera sido su deseo.
En vez de ser Ariadna fue Teseo.
Nunca pudo salir de laberinto.
Antonio Casares
MORIR DE AMOR AL JAZZ
(En memoria de Billy Tipton)
Amar el jazz sobre todas las cosas,
amar todas las cosas por el jazz,
como si el jazz fuese el único dios
en un mundo ajeno a los dioses,
y dedicar la existencia a la música
como un sacerdote a lo sagrado,
tiene el mérito que tienen los héroes
y celebran las vastas epopeyas.
Tuvo que ser una mujer,
Antígona luchando nuevamente contra un mundo
de hombres insensibles a su arte,
una mujer que se llamaba Dorothy
y hubo de fingirse masculino
para sobrevivir a un mundo macho
y machista hasta lo irracional.
Todo el mundo creyó lo que no era,
lo que demuestra que, además de músico,`
era una buena actriz.
Nadie lo supohasta después de muerta.
Fue su vidaun continuo calvario
por tugurio y garitos de todas las ciudades
del país más musical del mundo,
donde tocaba el saxofón o el piano,
fingiendo siempre que era un hombre,
sin que nadie lograse descubrirlo,
sin que su voz delatase su sexo,
sin que su sexo le impidiese hacer
lo que soñaba, que era tocar jazz.
Hay en la historia músicos mejores
y sobran nombres para demostrarlo,
pero nadie ha amado el jazz como ella,
nadie le ha dado tanto como ella,
que fue capaz de renunciar a su ser
y a todos los placeres de la vida
por su infinito amor a la música.
(Que el piano misterioso de la noche
y el saxo silencioso de la luna
interpreten para ella una canción
que agradezca su ejemplo memorable
y suene eternamente en su memoria,
como una sublime forma de poesía
o la más bella música del mundo,
y que su nombre, Dorothy o Billy Tipton,
qué importa ya la máscara del nombre,
quede escrito con letras imborrables,
como el más alto de los destinos,
en el hermoso libro de los sueños.)
Antonio Casares