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miércoles, 5 de noviembre de 2014

Satchmo

Louis Armstrong - Fotografía: LIFE


Satchmo

Trompetista y cantante, es el músico de jazz más famoso de su generación o de cualquier otra. Tiene pocos rivales para el título de mejor solista instrumental. Y, con Billie Holiday, sigue siendo el mejor cantante de jazz de todos los tiempos.
Su evolución, de tímido cornetista autodidacta - apenas había estudiado un poco en la Waif's Home, el reformatorio en el que fue internado- a una posición de virtual omnipotencia, fue asombrosa. (...)
Se había convertido en una gran celebridad musical internacional, y sus fans, cada vez en mayor número, procedían de una audiencia no jazzística en sentido estricto, que disfrutaba tanto con su música como con su personalidad carismática y su calor. Durante los años cincuenta y sesenta mantuvo el glorioso toque de trompeta del pasado. Murió el 6 de julio de 1971. El jazz había asumido con él una nueva dignidad y un significado más profundo. Los solos de trompeta de Louis Armstrong conservan una simplicidad majestuosa y un increíble poder de sugestión, y constituyen una de las cumbres del arte de cualquier siglo.

Vicente Muñoz Puelles - El Jazz Ritmo, técnica, improvisació

domingo, 19 de octubre de 2014

Dos maneras de ver el jazz

Jack Teagarden

Embriaguez

Toco muy bien jazz y me envanezco de ello; es, con el dibujo, mi violín de Ingres. Con Wiener al piano y el negro Vance al saxofón, el jazz me embriagaba más que el alcohol, difícil de aceptar para mí. En el jazz nos empujan veinte brazos; se es un dios del rudo

Jean Cocteau - De un orden considerado cono una anarquía

Contra el jazz

Dóciles, sin chistar, los instrumentos fueron revueltos de arriba abajo y se les obligó a sonar de manera que violentaban su naturaleza. Los trombones empezaron a reír como hienas, las trompetas a cacarear como gallos, los clarinetes a maullar como gatos en celo. La simple melodía del compositor se perdía en el laberinto de improvisada instrumentación. 
Hoy día hay discos de gramófono que nos sirven estos platos de delirio. Pero, con el paso de los años, es de esperar que estos discos sean relegados al limbo. El gusto del público ya está retrocediendo a un sistema musical más sedante. Las demandas de discos de antaño cesarán gradualmente y la Era del Jazz se volverá tan remota como el Paleolítico.

The Etude, revista musical de Filadelfia, hacia 1935

sábado, 28 de junio de 2014

La colección de discos de Cortázar


Tuve que vender íntegra la discoteca de jazz (no sonría mefistofélicamente) y le aseguro que me fue un dolor grande, porque ese tipo de disco es irremplazable. Yo la había empezado en 1933, con mis primeros pesos; con otros estudiantes amigos nos reuníamos en un sótano, con una victrola a cuerda, para escuchar a Louis Armstrong y a Duke Ellington. Después pude agregar otras cosas, y llegue a tener unos doscientos discos de primera línea. Realmente ahora no sabía qué hacer, a mis amigos no les interesa el jazz, de manera que prestar esos discos era imposible.Por otro lado alguien me ofreció un precio conveniente por el total. Yo miré el asunto metafísicamente, y descubrí que mi deseo de conservar los discos obedecía al maldito sentimiento de propiedad que es la ruina de los hombres. La vendí a ojos cerrados, cierto que sufriendo mucho (el saber que nos está cerrado no causa ningún placer y alivia la sensación de desgarramiento y de perdida). Después me puse a distribuir discos de lis otros entre amigos que podrán aprovecharlos. Vendí muchos, y los otros, los más queridos, los puse en manos que sabrán oírlos. Me gusta pensar que en algunas noches de Buenos Aires, música que fue mía, crecerá en una sala, en una casa, y será realidad para gentes a quienes quiero.

Julio Cortázar - De una carta a Fredi Guthmann, 8 de octubre de 1951

viernes, 30 de mayo de 2014

Louis Armstrong Quinta y última Parte


Después de cinco actuaciones, dos programas de radio y un par de horas de grabación, Louis seguía en plena forma. Era imposible abatir al viejo Pops.
El espectáculo se traslado a Baltimore y allí fui testigo de una de las escenas más dramáticas y patéticas de la carrera de Louis. Sus labios se habían resentido mucho al tocar en Philly y ahora los tenía fatal, inflamados y en carne viva, por lo que se pasaba el día frente un espejo, mirándoselos y aplicándose una pomada especial para trompetistas comercializada por Vincent Bach, para que soplar su instrumento musical no se convirtiese en una tortura. Para empeorar las cosas, no paraba de pincharse la ampolla más grande con una aguja. Yo no podía ni mirar, sentía que me atravesaba con cada pinchazo y temía que se acabara infectando y no pudiera tocar más. Pero cuando le dije que parase soltó una risita:
-¡Oh, no pasa nada, Mezz! Hace mucho que lo hago. Me arranco los trozos de piel muerta para que no taponen la boquilla. Así que limítate a sentarte y no te preocupes por nada. Esto es asunto mío. Deja que sea yo quien se preocupe. Se supone que tú tienes que estar contento y pasártelo bien, eres mi chico, así que déjame a mí las preocupaciones, que sé cómo manejarlas, ja, ja, ja.
Daba la impresión de que le había brotado una fresa gigantesca en los labios.
Esa noche era Nochevieja. Cuando Louis salió al escenario a hacer su número especial, los bastidores estaban repletos de coristas y otros artistas, la gente que habitualmente se apelotonaba con reverencia en el backstage para oírlo tocar. A muchos de los artistas les acompañaban las amistades que habían ido a visitarles, por lo que no quedaba ni un hueco libre. Era un momento tenso. Yo me hallaba en el lado opuesto al de su entrada en el escenario, por lo que podía verle salir y el verme a mí y hacerme alguna mueca. Solía colocarme en el lado contrario porque mientras acercaba el micrófono Louis cantaba "Mezzeerola", o algún fraseo similar en el mismo tono en que estaba tocando la banda. A los dos nos hacía sentir bien.
Pues bien, esa noche salió canturreando "Feliz Año Nuevo, Mezzeerola", me lanzó una gran sonrisa y para acabar con la intro yo le respondí cantando: "Lo mismo te digo-o". Entonces Louis alzó su trompeta y se dispuso a soplar mientras la banda tocaba el fondo de "Them There Eyes". Había tal silencio en el backstage que se podría haber oído estornudar a una cucaracha. Todo el mundo sabía que los labios de Lous estaban peor que nunca y se temía que lo más seguro es que no pudiera acabar la función. Ése era el verdadero drama de la vida de Louis, tenía lugar frente a un montón de gente que sólo creía estar viendo otro buen espectáculo.
La emprendió con el coro a corazón abierto y los vibrantes tonos que emergerían de aquellos pobres labios torturados sonaron como un alma sagrada arrastrándose por una carretera soli taría con el peso de todas las penas del mundo sobre los hombros clamando por el alivio de su gente. Luchaba por abrirse paso, anhelando ver más allá y ser comprendido, hasta con el último y más desgarrador gemido de su súplica. Toda la tristeza y el dolor de la vida, de la vida del hombre de color, surgía a borbotones de aquella trompeta. La de aquella noche no era una trompeta cualquiera. Era la conciencia de un mundo agonizante que condenaba los pecados y la maldad. Había lágrimas en todos los ojos que me rodeaban, lágrimas por lo que Louis estaba predicando con su instrumento, lágrimas por el propio Louis, maravilloso, atribulado, herido y sufriente, el héroe de su raza. Todos éramos conscientes de que cada vez que sus labios rozaban la trompeta era como si se le aplicara un atizador al rojo vivo. Nadie decía una palabra, ni siquiera los habituales gritos de excitación que solían escucharse durante sus actuaciones: "¡Sí, Louis!" o "¡Dale, Papi!". Habría sido un sacrilegio romper el hechizo de aquella noche. Pops se había hecho con el escenario él solito. De su trompeta se derramaron torrencialmente todas las miserias del mundo, inundaron el teatro y descubrieron a todos. Entonces llegó el clímax.
Louis estaba tocando el último coro y parecía que no iba a lograr terminarlo. Estaba recurriendo a todo su talento artístico y a aquella preciosa técnica que sólo sus dedos dominaban. El público pensaba que estaba soberbio e intuía que ante sus ojos estaba teniendo lugar un drama terrible. Se habían quedado congelados en las butacas, con la boca abierta y sin poder apartar la mirada de él. Cada vez que Louis, lenta, muy lentamente, se deslizaba en uno de aquellos descorazonadores gemidos, todos los que estábamos en el backstage temblábamos de miedo. Nos sonaba como si no fuese a llegar. Seguro que ahora se cae, se rinde y el esfuerzo le derriba. Podíamos identificar el tormento vibrando detrás de cada dolorosa nota. Todo el teatro estaba petrificado.
De repente Charlie "Big" Green, que tocaba el trombón, rompió a llorar y abandonó el escenario en medio de un coro. Vi que toda la banda estaba llorando. Todos los músicos y las coristas tenían los ojos húmedos. Big Green se detuvo a mi lado y nos pusimos a llorar como críos, tomándonos de la mano mientras aguardábamos aquellos insoportables últimos compases en los que Louis tenía que trepar hasta un altísimo Fa.
Chick Webb hacía uso de todas las tácticas magistrales que conocía en un intento de transmitir lo que sentía por Louis con los redobles de su batería, proporcionándole todo el apoyo posible, mientras las lágrimas le rodaban por la cara. Las luces se redujeron al rojo y el azul, porque el manager no quería que el público se percatarse de que todo el mundo estaba sollozando.
Entonces ocurrió. Louis inició aquella tortuosa ascensión al Fa agudo con notas estranguladas y agonizantes, todas ellas ensangrentadas. Era como el hijo pródigo que finalmente divisa su casa, enfermo y cansado de toda una vida de errancias, decidido a regresar al hogar antes de que el corazón le deje de latir. Ponía todo su empeño y sudaba sangre, y lo que surgía de su trompeta no sonaba tanto como música sino como el terrible y salvaje aullido de los perdidos y los condenados. La banda avanzaba con él, tratando de empujarle, proporcionándole un apoyo en el que pudiera sustentarse, como diciéndole: "Papi, estamos aquí contigo, no te vengas abajo, te acompañaremos hasta allí arriba porque te queremos mucho".
Y entonces, con el último hálito que le quedaba, como un hombre con las convulsiones de la muerte, poniendo por última vez toda la fuerza de su corazón, su alma y sus laceradas vísceras, Louis se aferró, se estiró y, arrastrándose casi a gatas, logró apenas llegar a aquel altísimo Fa en un último y desgarrador segundo.
La conmoción y el escalofrío atravesaron el teatro. La sala entera se estremeció y, acto seguido, estalló en aplausos. Louis se quedo allí, con su trompeta, jadeante, lamiéndose la sangre que le brotaba del labio mutilado, y se las arregló para sonreír, inclinarse y volver a sonreír, para que la gente no notara nada.
Me fui corriendo a su camerino y me lo encontré secándose el sudor de la cara. Tenía toda la ropa empapada y chorreante. Como un galante guerrero de antaño me sonrió y me dijo:
-Ha sido duro, Mezzi, pero así es todo en esta vida. ¡Ja, ja, ja!
En ese momento me deslicé una dosis de opio en la boca y nos fuimos a disfrutar de la Nochevieja.

Mezz Mezzrow - Really The Blues

jueves, 29 de mayo de 2014

Louis Armstrong Cuarta Parte


Me pasé aquel invierno extraviado en el olvido, encogido en la litera con el estupor del opio. Más tarde, a finales de la primavera del 32, Louis tocó en Philly y se me ocurrió acercarme por allí con Zutty. Para mí era muy importante intentar reunir a aquellos dos tipos. Tal vez en aquel momento no pudiera ayudarme ni a mí mismo. Y, quizá estaba acabado como músico y como ser humano. Pero menos podía tratar de hacer algo por los tíos que seguían en el meollo, los que eran capaces de hacer música maravillosa y aún no de habían rendido. Louis tenía ahora a Tubby Hall a cargo de la batería y Tubby sabía de qué iba la cosa, pero Zutty insuflaba un pequeño toque extra realmente capaz de lanzar a Louis a las estrellas.
A Zutty no le había ido también después de romper con Louis y en cuanto a mí, simplemente no me iba, y punto. Ver de nuevo a Pops era fantástico. No bien apareció, nos precipitamos bajo el escenario para poder escucharle sin interferencias.
Tras la presentación Louis empezó a tocar "Rockin' Chair", su especialidad. Las grandes notas quejumbrosas caían vibrantes por las rendijas del entarimado, estremecidas de fuerza y maestría. Todos aquellos increíbles virajes, entrelazados como colgantes de diamantes por el tremendo talento de Louis, repletos de sollozos y carcajadas, se escurrían hasta penetrar en nuestros oídos. Louis sabía que estábamos allí y se estaba luciendo en nuestro honor.
Escuchamos hasta que se nos saltaron las lágrimas. Zutty se inclinó sobre mí y yo hice lo mismo sobre él, su cabeza en mi hombro y la mía en su pecho, y mientras permanecimos allí, abrazados, no pudimos dejar de llorar. No había manera de detener las lágrimas. En ella se mezclaba, al cincuenta por ciento, el orgullo y la culpa.

Mezz Mezzrow - Really The Blues

miércoles, 28 de mayo de 2014

Louis Armstrong Tercera Parte


Era una magnífica noche de primavera de 1931. Estábamos bromeando y el negocio iba viento en popa. Arriba, las hojas del Arbol de la Esperanza mantenían su propia y susurrante conversación llena de dobles sentidos. Desde la parte superior del tronco serpenteó el rumor y se coló por mis oídos. "Sí, tío", zumbo, "en Memphis se la tienen jurada a tu chico".
Luis Armstrong había bajado a Nueva Orleans y luego había vuelto subir a Memphis. La señora Collins, esposa de su representante, estaba a cargo del transporte y había alquilado un enorme y flamante autobús Greyhound para que la banda pudiera atravesar el Cinturón Asesino sin tener que subirse en aquellos sucios y demoledores vagones repletos de racistas. Ella siempre se sentaba adelante, junto a Mike McKendricks, el guitarrista, el ayudaba con el equipaje y cosas por el estilo.
Cuando el autobús entro en Memphis los blanquitos se apiñaron con los ojos como platos para contemplar a esos elegantes chicos de color que viajaban en aquel cacharro aerodinámico y especialmente al de la primera fila que iba, ¡Dios nos libre!, sentado y hasta hablando con una mujer blanca, tan campante, como si fuera un ser humano. Aquello era inadmisible. El escándalo que armaron fue tal que el director de la terminal de autobuses intentó trasladar a todos los pasajeros a un viejo, sucio y rechinante armatoste. Naturalmente, los chicos se cruzaron de brazos y se negaron a abandonar sus asientos. Al rato la pasma los tenía cogidos por el cuello. Tomaron sus huellas digitales y los enchironaron como a vulgares ladrones. Llegaron justo a tiempo para la emisión que tenían programada.
Aquella noche, todos los fumetas estas nos precipitamos al Barbeque para ver el programa de radio. Cuando salieron al aire, Louis arremetió con un par de comentarios de doble sentido, en medio de los cuales me saludo con un alegre: "Qué pasa, Lozeerose?". A mitad de la transmisión anunció que quería dedicar su siguiente número al jefe de policía de Memphis, Tennessee. "Al loro con ésta", Mezzeerola", gorjeó mientras la banda tocaba la intro. A continuación, empezó a cantar "I'll Be Glad When You're Dead You Rascal You".
Mezz Mezzrow - Really The Blues

martes, 27 de mayo de 2014

Louis Armstrong Segunda Parte


Louis se había llevado su chofer particular a Nueva York, un tío al que todos conocíamos del Sunset y el Nest de Chicago. En cualquier sitio que te presentarás del South Side, aparecía en escena el Agradable, dispuesto a oficiar de guía a los más jóvenes. Pero el Agradable era un tipo enorme, media cerca de metro noventa y su tripa se extendía más de medio metro por delante. Cuando Louis empezó a hacerse famoso él se dedicó a pasearse de arriba abajo porque la Avenue sirviéndose de un bastón y casi te hacía pensar que era el mismísimo señor Armstrong. Un día, cuando me pasé con Frankie por la esquina, vimos una multitud apiñándose en la puerta del Connie's Inn y nos abrimos paso para averiguar qué pasaba. Por lo visto el Agradable no soportaba que Louis se llevara toda la gloria de La Gran Manzana pues donde quiera que mirara se encontraba con la peña flipando con Louis y él no entraba en el asunto. De modo que esa noche decidió hacerse notar. Se paró en la esquina con unos resplandecientes pantalones cortos de color púrpura, una camisa amarilla, un bastón con una empuñadura tan grande como el tocón de un roble y un mono, vivito y coleando, encaramado al hombro. El Agradable logró parar el tráfico aquella noche y fue feliz. Hasta salió en los periódicos.
Luis y yo pasábamos juntos mucho tiempo. Nos encorsetábamos tanto que llegamos a ser conocidos como los Señores de Harlem. Atentos al atuendo: traje cruzado gris Oxford, camisa de seda blanca de cuello ancho (Louis, por comodidad, llevaba cuellos Barrymore para tocar y corbata de nudo grande), chaleco cruzado de terciopelo negro, bufanda formal de seda blanca, calcetines de hilo francés tejidos a mano, zapatos londinenses negros a medida, pañuelo blanco de seda encajado en el bolsillo superior de la chaqueta, un sombrero Derby en el caso de Louis y uno de fieltro gris claro en el mío con la caída a un lado, a la vez gallardo y disoluto. Louis siempre tenía un pañuelo a mano porque sudaba mucho, dentro y fuera del escenario, y eso acabó convirtiéndose en una moda: al momento todos los chavales de la avenida corrían detrás de él agitando pañuelos blanco en las manos para mostrarle lo mucho que lo adoraban. Luis siempre se quedaba de pie con las manos enlazadas por delante, con serena indolencia. Pronto no un solo chaval en los alrededores de la esquina que no se parara con las manos cruzadas, un pie ligeramente adelantado y un pañuelo blanco asomando entre los dedos. Los chavales más desastrados, especialmente los fumetas, sintieron un ramalazo de amor propio después de ver lo pulcro y elegante que iba siempre Louis y empezaron a vestirse con elegancia, en la medida de sus posibilidades. Incluso se sintieron orgullosos. Si Louis lo hacía tenía que estar bien. El lema de nuestro círculo de fumetas paso a ser: "Colócate y sé alguien".

Mezz Mezzrow - Really The Blues

lunes, 26 de mayo de 2014

Louis Armstrong Primera Parte

Louis Armstrong, nació el 4 de julio de 1900 en New Orleáns (Louisiana) en el seno de una familia muy pobre y en uno de los barrios marginales de aquélla ciudad......


Fotografía : Bob Willoughby


Louis enormísimo cronopio
Parece que el pajarito mandón más conocido por Dios sopló en el flanco del primer hombre para animarlo y darle espíritu. Si en vez del pajarito hubiera estado allí Louis para soplar, el hombre habría salido mucho mejor. La cronología, la historia y demás concatenaciones, son una inmensa desgracia. Un mundo que hubiera empezado por Picasso en vez de acabar por él, sería un mundo exclusivamente para cronopios, y en todas las esquinas los cronopios bailarían tregua y bailarían catala, y subido al farol del alumbrado Louis soplaría durante horas haciendo caer del cielo grandísimos pedazos de estrellas de almíbar y frambuesa, para que comieran los niños y los perros. 

Son cosas que uno piensa cuando está embutido en una platea del teatro des Champs Elysées y Louis va a salir de un momento a otro, pues esta tarde se descolgó en París como un ángel, es decir que vino en Air France y uno se imagina el inmenso lío en la cabina del avión, con numerosos famas provistos de carteras llenas de documentos y presupuestos y Louis entre ellos muerto de risa mostrando con el dedo los paisajes que los famas prefieren no mirar porque les viene el vómito, pobres. Y Louis comiendo un hot-dog que la chica del avión le ha traído para darle el gusto y porque si no se lo trae, Louis la va a correr por todo el aeroplano hasta conseguir que la chica le fabrique un hot-dog. A todo esto, llegan a París y abajo están los periodistas, por eso ahora tengo la foto de France-Soir y Louis está ahí, rodeado de caras blancas, y sin ningún prejuicio realmente yo creo que en esa foto su cara es la única cara humana entre tantas caras de reporteros. 

Ahora, vea usted como son las cosas en este teatro: en este teatro donde una vez el grandísimo cronopio Nijinsky descubrió que en el aire hay columpios secretos y escaleras que llevan a la alegría, dentro de un minuto va a salir Louis y va a empezar el fin del mundo. Por supuesto Louis no tiene la más pequeña idea de que en el lugar donde planta sus zapatones amarillos se posaron una vez los escarpines de Nijinsky; pero precisamente lo bueno de los cronopios está en que nunca se preocupan por lo que pasó alguna vez o si ese señor en el palco es el Príncipe de Gales. A Nijinsky tampoco le hubiera importado nada saber que Louis tocaría la trompeta en su teatro. Esas cosas quedan para los famas y también para las esperanzas que se ocupan de recoger las crónicas, establecer las fechas y encuadernarlo todo con tafilete y lomo de tela. Esta noche, el teatro está copiosamente invadido por cronopios que no contentos con desbordarse por la sala y trepar hasta las lámparas, invaden el escenario y se tiran por el suelo, se apelotonan en todos los espacios disponibles o no disponibles, con inmensa indignación de los acomodadores que ayer nomás, en el concierto de flauta y arpa tenían un público tan bien educado que era un placer, aparte de que estos cronopios no dan mucha propina y siempre que pueden se ubican por su cuenta y no le hacen caso al acomodador. Como los acomodadores son en general esperanzas, se deprimen sensiblemente ante esta conducta de los cronopios, y con suspiros profundos encienden y apagan sus linternas, que en las esperanzas es una señal de gran melancolía. Otra cosa que hacen inmediatamente los cronopios es ponerse a silbar y a gritar en forma sobresaliente, reclamando a Louis que muerto de risa los hace esperar un rato nada más que para divertirse, de modo que la sala del teatro des Champs Elysées se balancea como un hongo mientras los cronopios entusiasmados llaman a Louis y multitud de aeroplanos de papel vuelan por todos lados y se meten en los ojos y los cuellos de famas y esperanzas que se retuercen indignados, y también de cronopios que se levantan enfurecidos, agarran el aeroplano y lo devuelven con terrible fuerza, gracias a lo cual las cosas van de mal en peor en el teatro des Champs Elysées.

Ahora sale un señor que va a decir unas palabras en el micrófono, pero como el público está esperando a Louis y este señor viene a ponerse en el camino, los cronopios están furiosísimos y lo increpan de manera vehemente, tapando por completo el discurso del señor a quien se ve solamente abrir y cerrar la boca, con lo cual se parece de manera extraordinaria a un pescado en una pecera.

Como Louis es un enormísimo cronopio, le da lástima el discurso perdido y de golpe aparece por una puertecita lateral, y lo primero que se ve de él es su gran pañuelo blanco, un pañuelo que flota en el aire y detrás un chorro de oro también flotando en el aire y es la trompeta de Louis, y detrás, saliendo de la oscuridad de la puerta la otra oscuridad llena de luz de Louis que avanza por el escenario, y se acabó el mundo y lo que viene ahora es total y definitivamente la caída de la estantería y el final del cariyú.
Detrás de Louis vienen los chicos de la orquesta, y ahí está Trummy Young que toca el trombón como si sostuviera en los brazos una mujer desnuda y de miel, y Arvel Shaw que toca el contrabajo como si sostuviera en los brazos una mujer desnuda y de sombra, y Cozy Cole que se cierne sobre la batería como el marqués de Sade sobre los traseros de ocho mujeres desnudas y fustigadas, y luego vienen otros dos músicos de cuyos nombres no quiero acordarme y que están ahí yo creo que por un error del empresario o porque Louis los encontró debajo del Pont Neuf y les vio cara de hambre, y además uno de ellos se llama Napoleón y eso es un argumento irresistible para un cronopio tan enormísimo como Louis.
Para esto ya se ha desencadenado el Apocalipsis, porque Louis no hace más que levantar su espada de oro, y la primera frase deWhen its sleepy time down South cae sobre la gente como una caricia de leopardo. De la trompeta de Louis la música sale como las cintas habladas de las bocas de los santos primitivos, en el aire se dibuja su caliente escritura amarilla, y detrás de esa primera señal se desencadena Muskat Ramble y nosotros en las plateas nos agarramos todo lo que tenemos agarrable, y además lo de los vecinos, con lo cual la sala parece una vasta sociedad de pulpos enloquecidos y en el medio está Louis con los ojos en blanco detrás de su trompeta, con su pañuelo flotando en una continua despedida de algo que no se sabe lo que es, como si Louis necesitara decirle todo el tiempo adiós a esa música que crea y que se deshace en el instante, como si supiera el precio terrible de esa maravillosa libertad que es la suya. Por supuesto que a cada coro, cuando Louis riza el rizo de su última frase y la cinta de oro se corta como con una tijera fulgurante, los cronopios del escenario saltan varios metros en todas direcciones, mientras los cronopios de la sala se agitan entusiasmados en sus plateas, y los famas llegados al concierto por error o porque había que ir o porque cuesta caro, se miran entre ellos con un aire estudiadamente amable, pero naturalmente no han entendido nada, les duele la cabeza de manera horrorosa, y en general quisieran estar en sus casas escuchando la buena música recomendada y explicada por los buenos locutores, o en cualquier parte a varios kilómetros del teatro des Champs Elysées.
Una cosa digna de tenerse en cuenta es que además de la inmensa montaña de aplausos que caen sobre Louis apenas ha terminado su coro, el mismo Louis se apresura a mostrarse visiblemente encantado de sí mismo, se ríe con su grandísima dentadura, agita el pañuelo y va y viene por el escenario, cambiando frases de contento con sus músicos y en un todo satisfecho de lo que está pasando. Luego aprovecha que Trummy Young ha enarbolado su trombón y está produciendo una fenomenal descarga de sonido concentrado en masas ametrallantes y resbalantes, para secarse cuidadosamente la cara con su pañuelo, y junto con la cara el pescuezo y yo creo que hasta el interior de los ojos, a juzgar por la forma en que se los restriega. A esta altura de las cosas vamos descubriendo los adminículos que se trae Louis para estar como en su casa en el escenario y divertirse a gusto. Por lo pronto aprovecha la plataforma donde Cozy Cole semejante a Zeus profiere rayos y centellas en cantidades sobrenaturales, para guardar una pila formada por una docena de pañuelos blancos que va tomando uno a uno a medida que el anterior se convierte en sopa. Pero naturalmente todo ese sudor sale de alguna parte, y a los pocos minutos Louis siente que se está deshidratando, de modo que aprovecha de un terrible cuerpo a cuerpo amoroso de Arvel Shaw con su dama morena para sacar de la plataforma de Zeus un extraordinario y misterioso vaso rojo, angosto y altísimo, que parece un cubilete de dados o el recipiente del Santo Grial, y beber de él un líquido que provoca las más variadas dudas e hipótesis por parte de los cronopios asistentes, ya que no faltan quienes sostienen que Louis bebe leche, en tanto otros rugen de indignación ante esa teoría y declaran que en un vaso semejante no puede haber otra cosa que sangre de toro o vino de Creta, que viene a ser la misma cosa con diferente nombre. A todo esto, Louis ha escondido el vaso, tiene un pañuelo fresco en la mano, y entonces le vienen ganas de cantar y canta, pero cuando Louis canta el orden establecido de las cosas se detiene, no por ninguna razón explicable sino solamente porque tiene que detenerse mientras Louis canta, y de esa boca que antes inscribía las banderolas de oro crece ahora un mugido de ciervo enamorado, un reclamo de antílope contra las estrellas, un murmullo de abejorros en la siesta de las plantaciones. Perdido en la inmensa bóveda de su canto yo cierro los ojos, y con la voz de este Louis de hoy me vienen todas sus otras voces desde el tiempo, su voz desde viejos discos perdidos para siempre, su voz cantando When your lover has gone, cantando Confesing, cantando Thankful, cantandoDust still the door. Y aunque yo no soy más que un movimiento confuso dentro del pandemonio perfectísimo de la sala colgada como un globo de cristal de la voz de Louis, me vuelvo a mí mismo por un segundo y pienso en el año treinta, cuando conocí a Louis en un primer disco, en el año treinta y cinco cuando compré mi primer Louis, y abro los ojos y él está ahí en un escenario de París, y abro los ojos y él está ahí, después de veintidós años de amor sudamericano él está ahí, después de veintidós años está ahí cantando, riendo con toda su cara de niño irreformable, Louis cronopio, Louis enormísimo cronopio, Louis alegría de los hombres que te merecen.
Ahora Louis acaba de descubrir que su amigo Hughes Panassié está en la platea, y naturalmente eso le produce una alegría enorme, por lo cual corre al micrófono y le dedica su música, y entre él y Trummy Young se arma un contrapunto de trombón y trompeta que es como para arrancarse la camisa a tiras y lanzarlas una a una o todas juntas por el aire. Trummy Young arremete como un bisonte, con unos rebotes y unas caídas que te ladean las orejas, pero ahora Louis se le cuela por los huecos y uno empieza a no escuchar más que su trompeta, uno empieza a darse cuenta una vez más que cuando Louis sopla cada sapo a su pozo y ahí te quiero ver. Después, es la reconciliación. Trummy y Louis crecen juntos como dos álamos y rajan de arriba a abajo el aire con una cuchillada final que nos deja a todos dulcemente estúpidos. El concierto ha concluido, ya Louis se estará cambiando de camisa y pensando en el hamburger que le van a preparar en el hotel y en la ducha que se va a dar, pero la sala continúa llena de cronopios perdidos en su sueño, montones de cronopios que buscan lentamente y sin ganas la salida, cada uno con su sueño que continúa, y en el centro del sueño de cada uno Louis pequeñito soplando y cantando.
Julio Cortázar - La vuelta al día en ochenta mundos


martes, 1 de abril de 2014

El nuevo estilo (Cuarta y última parte)

De izda. a dcha. :c Muggsy Spanier, Guy Carey, Mel Stitzel, Voltaire De Faut, Marvin Saxbe.
Mis lectores...En ocasiones me pregunto si de veras existen. En verdad, son de una tolerancia espléndida, y tan sólo se me manifiestan con preguntas ocasionales sobre dónde pueden comprar discos. Únicamente uno o dos veces me ha asaltado un fan de Miles Davis, o me ha llamado la atención el agente de prensa de alguna celebridad que estaba de gira. A veces los imagino como hombres inarticulados y sombríos, agentes de bolsa o tenderos, gente que vive en casas adosadas de treinta años de antigüedad junto a campos de golf de las afueras de Londres, maridos de esposas envejecidas y amargadas a las que sedujeron por primera vez al compás de "Begin the Beguine", de Artie Shaw, o de "The Nearness of You" de The Squadronaires; padres de hijas lascivas de mirada fría que empiezan a tomar la píldora, para quienes Ramsay McDonald es coetáneo de Ramsés II, y de hijos con tejanos y barba, el pelo a la manera de los Estuardo y fumadores de cannabis, cuyo desprecio oriental por el "pan" sólo es comparable a la insistencia con la que lo exigen; hombres a los que un montón de discos de 78 rpm, rayados, sin portada y que se acumulan en el desván, pueden despertar recuerdos de aquellos años en que vomitaban desde unos ventanucos tudor al son de "Sister Kate", de Muggsy Spanier, o en que ponían en marcha a patadas el gramófono para escuchar a Louis Armstrong tocar "Body and Soul"; hombres a los que su primer infarto los llega con la certeza con la que lo hace la Navidad; que van a la deriva, llevando a cuestas,  impotentes, compromisos y obligaciones y preceptos religiosos de obligado cumplimiento, por las cada vez más oscuras avenidas de la edad y la impotencia, despojadas de todo aquello que hizo la vida en tiempos agradables. Para todos ellos he tratado de recordar la emoción del jazz, y decirles dónde pueden encontrarla aún.

Philip Larkin - All What Jazz (Escritos sobre Jazz)

martes, 25 de marzo de 2014

Hugues Panassié

Hugues Panassié ( 27 febrero 1912 a 8 diciembre 1974 ) fue un crítico de jazz y productor francés . Sus obras más famosas fueron Hot Jazz : La guía a Swing Music y The Jazz real, publicado en 1936 y 1942 , respectivamente.
También lo recuerdan por la financiación de una serie de discos de jazz de artistas como Sidney Bechet y Tommy Ladnier .

Panassié era un admirador del estilo " hot " de la música de jazz interpretada por Louis Armstrong en la década de 1930 . Se le conoce por desestimar el bebop como " una forma de música distinta de jazz". Mantuvo una mirada despectiva sobre el jazz de la costa oeste considerandolo como falso, debido a que la mayoría de los músicos del estilo eran blancos. 
Panassié fue el presidente fundador del Hot Club de Francia ( 1932). Durante la Segunda Guerra Mundial supuestamente utilizó los discos como una manera de desafiar a la autoridad nazi en Francia. Su amigo , el músico de jazz americano Mezz Mezzrow, describe uno de los logros memorables de Panassié en su autobiografía Really the Blues de la siguiente manera :
" El censor nazi estaba mirando un disco con el título de "La Tristesse de Saint Louis", y Hugues explicó amablemente que era una triste canción escrita por el pobre Louis IX, de antigua tradición francesa. Lo que el Cancerbero no sabía era que debajo de la etiqueta falsa era un verdadero RCA Victor que indica a Louis Armstrong como el artista de la grabación y haciendo constar el nombre real del tema : The Saint Louis Blues " .
También es conocido por la cita, " cuando [ Charlie Parker ] desarrolló lo que se llamó ' Bop' dejó de ser un verdadero músico de jazz ".
En 1956 , RCA Victor publicó un LP , Guía de Jazz ( LPM 1393 ), una recopilación que incluye 16 grabaciones de artistas de jazz prominentes con sus portadas por Panassié .
Fuente: Wikipedia

Escribió Panassié en el boletín del Hot-Club de Francia:
"no es la primera vez que observamos que de todos los países de Europa occidental, España es aquel en que los progresistas poseen un mayor control de la radio, la televisión y la prensa. Es el país que, en proporción, contrata(en Barcelona y Madrid) el mayor número de falsos 'jazzmen' progresistas con respecto a los verdaderos músicos de jazz".
Chema García Martínez - Del fox-trot al jazz flamenco

sábado, 30 de marzo de 2013

La larga historia de un viejo blues


Una antigua historia del siglo XVIII sobre un soldado que contrae una enfermedad venérea por su trato con prostitutas y que, a pesar de haber sucumbido a la Enfermedad de Cupido, pide honores para su funeral cual héroe caído en combate. Este va a ser elpunto de partida para el presente artículo: la leprosería de St. James, famosa por ser la primera de Londres, pues fue fundada en 1082 aunque sería demolida en 1532 para construir el palacio de St. James.

Esta historia fue glosada en una canción llamada The Unfortunate Rake, cuya versión más antigua fue datada en 1848 en el condado irlandés de Cork, por un músico errante que decía haberla aprendido en Dublín en el año 1790. La canción fue adaptándose a las circunstancias y cambió de escenarios y protagonistas varias veces con el paso de los años. A. L. Lloyd nos ilustra sobre este devenir en las notas al disco de 1956 English Street Songs.
A principios del siglo XIX, en las zonas portuarias, el protagonista de la canción pasó a ser un marinero y el título cambió por el de The Whores of the City (Las Putas de la Ciudad). Años más tarde, cambió el sexo del protagonista y en esta nueva versión, llamada The Young Girl Cut Down in Her Prime (La Joven Fallecida en la Flor de la Vida), era una chica la persona enferma de sífilis.
Cuando esta balada llegó a los Estados Unidos, los cowboys la hicieron suya y le dieron el nombre de The Streets of Laredo, la famosa ciudad tejana a orillas del río Bravo. En esta versión, tanto la chica como el vaquero reclaman también un funeral con honores militares.
Con la llegada del siglo XX, esta canción es recogida por el jazz y convertida en un estándar de gran éxito cuando Louis Armstrong la grabó en 1928 bajo el nombre de St. James Infirmary. Permanece en esta versión el funeral, si bien convertido en una procesión de los barrios bajos.
Esta canción destaca por la melancolía de su letra y el acompañamiento musical de una marcha funeral al estilo Nueva Orleans. En la primera parte de la canción, el protagonista cuenta en un bar cómo, cuando fue a ver a su chica al hospital de St. James, la encontró tendida en una mesa blanca, tan fría, tan dulce, tan bella…

I went down to St. James Infirmary,
Saw my baby there,
Stretched out on a long white table,
So cold, so sweet, so fair.
Let her go, let her go, God bless her,
Wherever she may be,
She can look this wide world over,
But she'll never find a sweet man like


A continuación, de forma más patética que triste, el protagonista pide que cuando muera, la comitiva fúnebre sea de categoría selecta: seis jugadores de dados para portear el féretro, tres mujeres bonitas como plañideras, una banda de jazz subida en el coche fúnebre:

I want 6 crapshooters to be my pallbearers
3 pretty women to sing a song
Stick a jazz band on my hearse wagon
Raise hell as I stroll along
De entre las más de 120 versiones de esta canción, incluida una de Blind Willie McTell
llamada Dying Crapshooter’s Blues, escogeremos, por ejemplo, la de Josh White:
St. James Infirmary, de Josh White (1944)
It was down by old Joe's barroom, on the corner of the square
They were serving drinks as usual, and the usual crowd was there
On my left stood Big Joe McKennedy, and his eyes were bloodshot red
And he turned his face to the people, these were the very words he said
I was down to St. James infirmary, I saw my baby there
She was stretched out on a long white table,
So sweet, cool and so fair
Let her go, let her go, God bless her
wherever she may be...
She may search this whole wide world over
never find a sweeter man as me....
When I die please bury me in my high top Stetson hat
put a 20 dollar gold piece on my watch chain
The gang'll know I died standing pat
Let her go, let her go God bless her
Wherever she may be
She may search this wide world over
Never find a sweeter man as me
I want 6 crapshooters to be my pallbearers
3 pretty women to sing a song
Stick a jazz band on my hearse wagon
Raise hell as I stroll along
Let her go Let her go
God bless her
Wherever she may be
She may search this whole wide world over
She'll never find a sweeter
Man as me…

Como curiosidad sobre esta canción, en la película de 1933 de Betty Boop, Snow White, el personaje Koko the Clown, interpretado por Cab Calloway , canta St. James Infirmay cuando cree que Betty ha muerto.

KEEP ACHIN’ BLUES
An Experience By Héctor Martínez

Os dejo la versión de Louis Armstrong, posiblemene la más conocida.

lunes, 24 de octubre de 2011

Danny Barcelona

Para muchos, fue el tapado de Louis Armstrong en los años de decadencia del astro del jazz; un showman de mérito que hubiera merecido los honores del "estrellato" por sí mismo. Para otros muchos, se trataba de un batería no demasiado dotado al que le tocó la lotería cuando fue llamado para acompañar al más popular de los músicos de jazz de su tiempo. Danny Barcelona falleció el pasado 1 de abril a los 77 años, en la localidad de Monterrey Park (California).

Danny Barcelona -sin ninguna relación con la capital catalana- nació en la muy exótica localidad de Waipahu, sita en la isla de Oahu (Hawai), un 23 de julio de 1929, en el seno de una familia de origen filipino. Aprendió a tocar la batería de oído. Con 20 años, dirigió su primer conjunto, un sexteto: los Hawaiian Dixieland All-Stars. Con ellos recorrió las islas y Japón a los pocos años de la rendición ("los japoneses no nos entendían, pensaban que sólo hacíamos el tonto"). Antes de terminar el instituto, tocó en la orquesta del trombonista Trummy Young, a la sazón integrante de los All-Stars de Armstrong y residente en Hawai. Gracias a su recomendación, en el año 1958, pudo decir "aloha" a su casa en Waipahu para convertirse él mismo en miembro del prestigioso conjunto de jazz trad, sustituyendo a Barrett Deems.

martes, 10 de mayo de 2011

St James Infirmary Blues

"St. James Infirmary Blues" es una desgarradora canción del folclore americano de origen anónimo, popularizada  en 1928 tras la grabación por parte del gran trompetista y cantante de jazz  Louis Armstrong. Os dejo la citada versión junto a otra de Van Morrison y una más rítimica de Cassandra Wilson.





I went down to St. James Infirmary,
Saw my baby there,
Set down on a long white table,
So sweet, so cold, so fair.
Let her go, let her go, God bless her,
Wherever she may be,
She can look this wide world over,
She'll never find a sweet man like me.