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viernes, 26 de abril de 2013

Body and soul / Art Pepper


«Body & Soul» —en español: «Cuerpo y alma»— es una canción clásica del repertorio melódico estadounidense, compuesta en 1930 y grabada desde entonces por múltiples artistas como Ella Fitzgerald, Billie Holiday y Frank Sinatra.
Los autores de la canción son: Johnny B. Green (música) y Robert B. Sour, Edward Heyman y Frank Eyton (letra). La compusieron para la actriz y cantante inglesa Gertrude Lawrence, y pronto se hizo popular en Estados Unidos. En 1947 dio título a una película clásica de boxeo, protagonizada por John Garfield.
La primera y mítica  versión en clave de jazz la realizó, pasando a la historia por ello,  Coleman Hawkins.
Yo os dejo una versión de uno de mis músicos favoritos.

sábado, 20 de octubre de 2012

William Claxton / The Prisoner (una foto y una tragedia)


Autor : William Claxton
“La foto es famosa y la historia de cómo se hizo también lo es. En pocas palabras: me llamaron de la discográfica para que fuera a su casa en Los Ángeles a hacerle unas fotos. Era una casa parecida a las que se ven en la foto, estaba situada en lo alto de una colina con una subida muy pronunciada. Cuando llegué a su casa, estaba esperándome, perfectamente vestido y afeitado. Esa misma mañana acaba de salir de la cárcel. Me ofreció una coca cola pero casi no podía abrirla y se cortó la mano (por eso esconde la mano en la foto). Se disculpó: ‘estoy muy nervioso, espero a mi contacto’. Es lo primero que hizo tan pronto como estuvo en libertad, llamar a su camello para asegurarse su dosis. Había seguido consumiendo mientras estuvo dentro. En la cárcel estaba considerado como una celebridad y obtenía toda la droga que quería. Al final, el contacto llegó y ya pudimos hacer el resto de las fotografías. Art era un hombre muy dulce. Le pregunté por su vida en prisión y me contestó: ‘No está tan mal; la verdad es que me cuidaron bastante bien. No me importaría volver’. Yo no daba crédito a lo que oía: ‘es que allí me conocen y hasta los guardianes tienen mis discos’. La parte triste de la historia empezó cuando le volvieron a trincar después de seis años. En esa ocasión estuvo preso dos años. Cuando salió, fui a verle para hacerle unas cuantas fotos para un nuevo disco y esta vez tenía un aspecto terrorífico. Le pregunté cómo le había ido y me dijo: ‘ha sido lo peor del mundo’. Me contó que, entre la anterior detención y esta, habían cambiado al personal y entre los nuevos nadie le conocía y, desde luego, nadie tenía sus discos, ‘he sido tratado como un preso más’. Y lo peor: había comprendido que su momento había pasado. Era un músico al que muy pocos conocían. Lo que siguió fue una vida terrible”. 
William Claxton
Fuente

martes, 24 de julio de 2012

Art & Zoot

Cuando dos genios del saxo como Art Pepper y Zoot Sims se aúnan en la improvisación, cualquier parecido con la realidad es casual. Escuchad si no ésta extraordinaria versión de la celebérrima "Chica de Ipanema".


domingo, 31 de julio de 2011

Art Pepper Una vida ejemplar (Novena y ültima parte)

Nos llevaron a un cubículo el el área de urgencias. Art estaba tumbado en la camilla, pero de pronto se levantó y me dijo que se moría de hambre. Me pidió que fuera a comparle una chocolatina. Salí, le compré la chocolatina  y volví. Me lo encontré esnifando una raya de coca.
- Si tengo que morirme, que por lo menos sea con un buen subidón encima - bromeó.
Le administraron la metadona. Me senté junto a la cama y lo vi relajarse. Le acaricié el pelo. Canté para él y, cuando terminé, vi que una lágrima rodaba por su mejilla. Fue entonces cuanto de pronto lo comprendí. Iba a perderlo para siempre. Lloré de forma incontrolable.



sábado, 30 de julio de 2011

Art Pepper Una vida ejemplar (octava parte)

Su vida entera también aparecía reflejada en "Everything Happens to Me, que bien podrá haber sido la canción emblemática de Art. Que yo sepa, al principio de su carrera profesional solía tocar dicha canción con frecuencia. Pero nunca llegó a grabarla de verdad, y no creo que hubiera podido tocarla - ni ésta ni ninguna otra pieza - con el sentimiento que la toca en estos discos últimos. (En mi opinión, siempre subjetiva y por tanto no mjuy valiosa, no hay mejor versión en el mundo de "Everything Happens to Me").
Art también tenía su opinión al respecto. Una tarde se puso a escuchar la grabación con verdadera atención. Cuando el corte del disco terminó levanto la mirada y meneó la cabeza. Estaba anonadado.
Laurie Pepper

viernes, 29 de julio de 2011

Art Pepper Una vida ejemplar (séptima parte)

Art no tocaba como los demás músicos. Él no era un técnico. Escogía las notas. Sus fraseos eran hermosos. Su forma de tocar el alto era distinta. El sonido, los fraseos....Yo siempre tenía la sensación de que las notas salíancomo rebotando de su saxo, y era por su forma de acentuarlas y frasearlas. También flipaba con su manera de tocar el tenor. El suyo era un  sonido musculoso, oscuro, diferente. El álbum que más loco me tenía era Art Pepper plus Eleven. Art ahí tocaba el alto, el tenor y el clarinete. Lo tengo en casete en el coche. Después de tanto tiempo. Han pasado unos dieciocho años, pero todavía....Ese álbum lo estuve escuchando sin parar, hasta gastar el vinilo. Los arreglos eran formidables, la banda es formidable, ¡y el solo de clarinete en "Anthropology".....!La forma en que Art desarrolla ese solo aún me sigue dejando alucinado. El primer chorus suena en el registro bajo, en plan tranquilo; el segundo chorus viene a sonar en un registro medio; el último chorus lo toca en el registro más alto del instrumento. El solo va de un extremo al otro como el que se mete en su coche y va de su casa a otra casa, y Art tenía clarísimo como construir ese solo, adónde quería ir y cómo iba a llegar allí. Es la impresión que siempre tengo al escuchar uno de sus solos.
A mí por entonces no me interesaban demasiado los cambios de acordes. Es probable que si hubiéramos seguido estudiando, con el tiempo hubiésemos llegado a ellos. Pero yo no escuchaba los cambios de acordes desde una perspectiva intelectual. Sólo los escuchaba a nivel puramente musical: el sonido, las notas, todo aquello. ¡La emoción, la belleza, la música!
No sé si será verdad o no, pero un día estaba en casa de una persona que conocía bien a Art y sabía lo que hacía, y ésta persona no explicó - a los pocos que estábamos allí reunidos, partiéndonos de risa con su descripción - lo que Art tenía que hacer para ponerse en marcha por las mañanas. Empezaba por dar buena cuenta de una botella mediana de vodka que siempre tenía junto a la cama. Luego se pegaba un lingotazo de whisky escocés. Por fin se levantaba y se acercaba a la nevera a por las cervezas. Bebía más alcohol durante la primera hora del día a fin de reunir fuerzas para salirn a la calle a `pillar droga de lo que la mayoría de la gente bebe a lo largo de un mes entero. Pero n unca lo vi borracho o pasado de vueltas. Lo veías tan compuesto cono hoy mismo.
Steve Kravitz


jueves, 28 de julio de 2011

Art Pepper Una vida ejemplar (sexta parte)

Otras veces, el fulano vuelve con la mercancía, pero estás en plena calle, así que no puedes pegarle un pellizco para probarla. Y si puedes, es muy posible que la postura que te está pasando la hayan cortado con quinina, para que tenga ese gusto característico del caballo. De eso te enteras un rato después, cuando te encierras en unos aseos públicos, de una gasolinera o una lavandería. Sacas la chuta, pones el material en una cuchara, agregas un poco de agua.....¡Y entonces ves que el material sale a flote! Está flotando en la superficie, y es que te han vendido bicarbonato. Aunque en el fondo sabes muy bien que te han timado, haces el intento de calentar la cuchara, y el mejunje entonces se vuelve pastoso. Empieza a burbujear y se convierte en una pasta.


miércoles, 27 de julio de 2011

Art Pepper Una vida ejemplar (quinta parte)

En las jaulas había música. Por las mañanas te despertabas escuchando música y por las noches tambíén la escuchabas. En las galerías ni había radios ni había nada. Me pasé cinco o seis meses sin escuchar una sola nota musical. Ya te puedes imaginar, si eres músico, o aunque seas una persona normal.....Para la mayoría de las personas, la música es una parte importante de sus vidas, y que te priven de ella por completo es terrible. Así que, para no volverme loco del todo, empecé a tocar con el tazón. A todos nos daban un tazón, de hojalata, con una pequeña asa. Me lo llevaba a la boca y dejaba un pequeño hueco por el lado, como haces ara tocar la armónica o el arpa judía. Y descubrí que podía tararear con la ayuda del tazón y sacarle un sonido algo parecido al de una trompeta. Podía hacer muchas cosas con aquel tazón. Y en la cárcel, donde había cemento y acero por todas partes, aquel ligero sonido se escuchaba muy bien, sobre todo desde la esquina de la celda. Yo tocaba para mí, y todos los fulanos escuchaban. Cuando de pronto levantaba la mirada veía a un montón de tíos plantados delante de mi celda, escuchándolo todo. Y también descubrí que para ellos era un gustazo, por las noches sobre todo. En la galería había un tipo llamado Grundig, que antes había sido batería. Grundig echaba mano a la tapa del cubo de la basura, se ponía a tocarla con una cuchara, yo tocaba mi tazón, los mendas empezaban a dar palmadas, y de pronto habíamos montado una especie de jam session. Había que estar allí dentro para entender lo mucho que te alegraba el día una cosa tan primitiva como aquella.

martes, 26 de julio de 2011

Art Pepper Una vida ejemplar (cuarta parte)

Cuando ingresas en la cárcel del condado de Los Ángeles, te encierran una jaula con malla de alambre en la puerta y tienes que esperar mientras escriben a máquina un montón de papeles. Estás ahí tirado o sentado y, por fin, cuando varios de los detenidos están listos, los guardas te van llamando por tu nombre, y pasas a otra sección donde te toman las huellas dactilares. Te toman la huella de cada dedo y la de la mano entera, y luego te fotografían. Entonces vuelves a esperar, pero ya no hay sitio para sentarse. estás tumbado en el suelo de hormigón, y la gente está fatal: los hay que están vomitando. Yo ya me sentía fatal antes de que me detuvieran; me sentía fatal cuando fui a empeñar el saxo; así que me sentía morir mientras estaba esperando. Y pasaron treinta y seis horas hasta que terminaron de formalizar mi ingreso en la cárcel.
La agonía del síndrome es imposible de describir. La cosa no es como en las películas tipo El hombre del brazo de oro ni como cuentan en la prensa: los yonquis que chillan y se dan cabezazos contra la pared, están dispuestos a vender a sus propias madres y cortarse el cuello para terminar de una vez con el sufrimiento. Todo eso es una ridiculez. El trance es horrible, pero todo pasa en silencio. Simplemente estás tumbado y sufres. Tienes escalofríos, y te duelen los huesos; te duelen las venas; tienes dolores por todo el cuerpo. Si te mojas, tienes la impresión de que el agua te está quemando la piel, y en la boca sientes un regusto asqueroso, y todos los olores son horribles y huelen multiplicados por mil.La gente apesta, a sudor, a pies sucios, a mugre y porquería. Pero lo que no haces es ponerte a chillar:"¡Podéis matar a mi madre, a mi padre, pasadme un chute y haré lo que queráis!" Todo es es grotesco.
Caes en una depresión indescriptible y no puedes dormir. Dependiendo de lo enganchado que estés, te pasas tres semanas o un mes sin dormir, excepto algunos momentos en los que acabas por perder el conocimiento. Te pasas el rato moviendo y sacudiendo las piernas para librarte del dolor en las articulaciones, y de pronto pierdes conciencia y empiezas a soñar que estás en otro lugar tratando de comprar una postura. Pillas el caballo y la chuta, y te pinchas en la vena, pero la chuta entonces se obtura, o el caballo se escapa por una fisura en la goma de la chuta o alguien en ese momento aparece sin más, te fastidia el plan, y nunca llegas a pincharte.


Cuando

lunes, 25 de julio de 2011

Art Pepper Una vida ejemplar (tercera parte)

Me miré en el espejo, miré a Sheila y miré las rayas de heroína. Cogí el billete de dólar y las aspiré una tras otra.
- Esto es - dije, esto es lo único que me vale. Si esto es lo único, voy a seguir con ello, cueste lo que cueste....
Y en ese momento sabía que la policía un día me detendría, que iría a la cárcel y que no sería débil; no sería un delator como tantos farsantes, los payasos, los infraseres, la chusma que pulula por todas partes, la gentuza que siempre está agazapada y al acecho, la escoria que acabó con la música, la gente que acabó con este país, la gente que acabó con el mundo entero, la chusma horrible, repulsiva, putrefacta que siempre tiene una carta en la manga, la gente del black power, los siniestros hijos de puta que se aprovechan de ser negros y todos los que vinieron después; las mujeres guarras, las marranas de tres al cuarto que no tienen corazón y son incapaces de querer, que no saben lo que es el amor, porque están vacías por dentro, porque no son personas, todos esos canallas repelentes que nada tienen que ofrecer, que no son nadie, que desde siempre estuvieron condenados a no ser nadie.
Todo cuanto puedo decir es que en ese momento percibí que había encontrado la paz interior. Una paz interior de producción sintética, pero después de haber pasado por todo aquello y de haber hecho de todo, cambiar todo aquel sufrimiento por la felicidad absoluta...No había que hablar, está claro. Me daba cuenta. Me daba cuenta de que a partir de ese momento iba a ser, si queréis que use esa palabra, un yonqui. Era la palabra que por entonces se utilizaba. Es la palabra que se sigue empleando. En eso me convertí entonces. eso es la que sigo siendo. Y así voy a morir: como un yonqui.
Me 

domingo, 24 de julio de 2011

Art Pepper Una vida ejemplar (segunda parte)

Justo al doblar la esquina del Club Alabam, en Vernon Avenue se encontraba el Ritz Club. El local estaba en la trastienda de un comercio en desuso, trastienda a la que se accedía cruzando unas cortinas que había en la puerta. Uno se traía sus propias bebidas alcohólicas, pues allí servían platos de comida y refrescos para mezclar con el licor. La música empezaba a las dos de la noche y se prolongaba durante la madrugada entera. La gente iba allí a participar en las jam sessions: Jimmy Blanton, quizá el mejor contrabajista de todos los tiempos; Art Tatum también se dejaba caer por allí; Louis Armstrong, Ben Webster, Coleman Hawkins, Roy Eldridge, Johnny Hodges, Lester Young....Es fácil imaginar lo emocionante que resultaba estar en el mismo local con todo aquel personal. Tenía por costumbre merodear por allí y acercarme después de tocar en el Alabam, para improvisar con ellos. Los propietarios del Ritz con el tiempo decidieron contar con un grupo de la casa en el escenario, para que en el club hubiera música a todas horas, y me contrataron. Fue entonces cuando empecé a fumar marihuana; a esas alturas ya bebía y tomaba pastillas todas las noches.
Me movía con Dexter Gordon. Fumábamos hierba y tomábamos pastillas de dexedrina. Por aquel entonces había unos inhaladores que llevaban pegados unas papelinas amarillas marcadas con la palabra "veneno", y teníamos la costumbre de meternos esas papelinas en la boca, por encima de los dientes. Te daban un subidón de mil demonios; sentías hormigueos en el cuero cabelludo y te estremecías por todo el cuerpo, hasta que el efecto se concentraba en tu cabeza y empezaba a irradiar desde allí. Sentías como si tu cabeza fuera a salir volando.

martes, 8 de febrero de 2011

Un maldito del Jazz

Recuperado un directo inédito de 1977 del saxofonista Art Pepper



Pasó más tiempo entre rejas que sobre un escenario. Apenas tuvo tiempo de saborear las mieles del éxito. Si existe un músico maldito en la historia del jazz, ese es Art Pepper. Casi veintinueve años después de su fallecimiento, el nombre del saxofonista levanta pasiones entre la selecta minoría que rinde culto a su figura. Una reciente edición recoge por vez primera la actuación que ofreció en Chicago, en julio de 1977, con la compañía de Steve Rodby -futuro miembro del Pat Metheny Group-, al contrabajo.

"Su música alcanza intensidades casi insoportables", dijo un crítico
El artista pasó más tiempo entre rejas que sobre un escenario
Once años antes, el saxofonista, que alguna vez fue comparado con el mismísimo Charlie Parker, acababa de ser liberado tras una segunda estancia en el penal de alta seguridad de San Quintín. Ni siquiera le apetecía volver a tocar, pero necesitaba dinero y se alistó en la big band del baterista Buddy Rich.
Una noche siente un intenso dolor en el estómago. El consiguiente examen médico revela que su bazo sufre las consecuencias de las constantes peleas con su compañera, Christine. La suerte está echada: coincidiendo con su salida del hospital, ella le abandona. "Me hizo un corte de mangas desde su coche y se fue derrapando. Me senté delante de la casa. Me encontraba como en mi infancia, cuando mi madre me abandonaba para emborracharse. Tenía 44 años y mi vida estaba arruinada". Algunos meses más tarde, el saxofonista ingresaría por propia voluntad en un centro de recuperación para drogodependientes en Santa Mónica.
Hasta aquel momento, la fama de yonqui lunático que le acompañaba había echado para atrás a los promotores en su intento de hacerse escuchar más allá de los límites de las montañas Rocosas. Pepper podía grabar un disco junto a la sección rítmica de Miles Davis -un honor al que muy pocos intérpretes de raza blanca podían aspirar-; sin embargo, nadie era capaz de asegurar que fuera a acudir a las citas. Llevaba consumiendo heroína y LSD desde hacía más tiempo del que podía recordar. Su carrera era un continuo ir y venir entre el estudio y la cárcel. Solo con mucho esfuerzo había puesto algo de orden en su vida. Con 51 años, a Art Pepper la historia iba a hacerle por fin justicia.
En enero de 1977, el saxofonista, supuestamente limpio de polvo y paja, viajó por vez primera fuera de Estados Unidos, con dirección a Japón. La gira resultó toda una revelación. Pepper fue arropado por un ejército de seguidores fanáticos para quienes su vida y obra carecían de secretos: "Allí me enteré de que soy una leyenda". Ese mismo año, en el mes de julio, se le abrieron por vez primera las sacrosantas puertas del Village Vanguard, la meca del jazz en Nueva York. La noche de su debut, el saxofonista fue presa del pánico mientras bajaba las escaleras de acceso al sótano donde le esperaba Elvin Jones sentado a la batería. Nada en él parecía encajar con semejante ambiente de sofisticación y bohemia. Se sentía como un cobaya expuesto a la curiosidad de un público más interesado por su vida privada que por su música.
El 16 de julio, el saxofonista viajó a Chicago para tocar en el más célebre de los clubes de jazz de la ciudad, The Jazz Showcase. Tras casi dos semanas de gira, su aspecto era el propio de quien lleva varios días sin comer ni dormir: demacrado y delgado como una escoba.
Las horas anteriores al concierto las empleó en recorrer los rincones más oscuros en un coche alquilado, en busca de la correspondiente dosis de cocaína y metadona. "Cuando se es dependiente, uno tiene que aprender a valerse por sí mismo". Para sorpresa de algunos, el saxofonista hizo acto de presencia en el lugar y la hora indicados, y con algún material inédito escrito para la ocasión.
A Pepper le presentan a los integrantes de la sección rítmica: el pianista Willie Pickens, el baterista Wilbur Campbell y el joven contrabajista Steve Rodby. Uno y otros tocaron juntos sobre un escenario como si hubieran llevado toda la vida haciéndolo. El resultado puede escucharse por vez primera en CD: es Art Pepper live at The Jazz Showcase, testimonio desgarrador del efímero esplendor de un creador con mayúsculas pero sin suerte. "Escuchar a Art Pepper", escribió un crítico de la época, "constituye una experiencia catártica; su música alcanza una intensidad tal que, durante unos momentos, llega a ser casi insoportable". El disco que ahora ve la luz contiene lo que él y sus acompañantes interpretaron (tres estándares y dos originales) la noche del 16 de julio de 1977. El jazz en su más alta expresión. Cada solo del saxofonista es un acontecimiento a vida o muerte: "De pronto un lamento, de pronto una exclamación de alegría... es su vida y es el artista, que no quiere esconderla", dijo la crítica.
Art Pepper falleció el 15 de junio de 1982. En su autobiografía, Straight life, dejó escrito: "Solo una existencia extrema puede producir gran arte".
 CHEMA GARCÍA MARTÍNEZ - Madrid - 17/01/2011 

Después de este gran artículo publicado con fecha 17 de Enero de 2011 el EL PAÏS, tan sólo me queda confesar mi debilidad por este genio del saxo y dejaros un par de temas inolvidables. Sé de antemano que me direís que si Charlie Parker, que si John Coltrane, que si bla, bla, bla... pero a mi el que me emociona es este saxofonista sin par cuyas colaboraciones con mi músico favorito Chet Baker son de los mejorcito de la historia del Jazz. He dicho



domingo, 6 de febrero de 2011

Jorge Luis Borges y Art Pepper

  EL ENAMORADO
Lunas, marfiles, instrumentos, rosas,
lámparas y la línea de Durero,
las nueve cifras y el cambiante cero,
debo fingir que existen esas cosas.
Debo fingir que en el pasado fueron
Persépolis y Roma y que una arena
sutil midió la suerte de la almena
que los siglos de hierro deshicieron.
Debo fingir las armas y la pira
de la epopeya y los pesados mares
que roen de la tierra los pilares.
Debo fingir que hay otros. Es mentira.
Sólo tú eres. Tú, mi desventura
y mi ventura, inagotable y pura.